Maldita corrupción

Marzo 10, 2011 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Perplejos. Así estamos todos los colombianos de bien, o por lo menos todos a los que nos queda decencia. No hay un bendito día en el que en este país no estalle un escándalo de corrupción. No pasan 24 horas sin que aparezcan ollas podridas en las entidades públicas. No ha habido una sola semana de este año en que no nos cuenten las bellezas que contratistas lograron, ‘amangualados’ con políticos de primer nivel, a los que poco les importó venderle el alma al diablo.Vergüenza. Palabra que se queda bastante corta para expresar lo que produce el conocer que de 37.000 funcionarios de todo el país investigados, el 70% corresponde a casos de corrupción. Se roban las tierras, se roban los recursos, regalan contratos al que no los necesita o les entregan todos los contratos a una sola familia. O los canjean por platica para financiar campañas. Y todo, gracias a una partida de desvergonzados que se dedicaron, cual mafiosos, al enriquecimiento ilícito. Ladrones de cuello blanco, muy elegantes, de mucho cargo, pero mucho peores que el atracador callejero. Tristeza. Con una alta dosis de desengaño. Porque resulta que a muchos de nuestros gobernantes les confiamos la poca esperanza que teníamos. Pero pareciera que hasta los más impolutos ahora están muy cómodos repartiendo contratos, sin hacer licitación alguna, así el monto supere los $50.000 millones. Y como no es ilegal, o por lo menos la Ley así no lo señala, entonces no hay problema en que usted le mande a hacer al zapatero de la esquina la caja fuerte de su casa. O que le mande a hacer una carretera al dueño de la tienda de mascotas. O que reparta los encargos entre cinco ‘testaferros’, porque eso la Ley no lo prohibe. Desesperanza. Que en un país como el nuestro, de cada cien colombianos 63 crean que en materia de corrupción las cosas van por mal camino, es más que depresivo. Pero claro, no es gratuito. Y luego preguntan por qué tanta abstención en las urnas: clarísimo, porque a la gente le importa cinco quién gobierne, porque cree que la mayoría terminará haciendo lo mismo: les están dando la razón. Y poco ayudan los congresistas dándole un golpe al Estatuto Anticorrupción, al negar la ampliación de términos de la prescripción de investigaciones de delitos por corrupción a 15 años y dejándola a 5 años, apenas para un país donde la justicia tarda siglos en llegar, si es que llega. Algo tenemos qué hacer quienes creemos que la decencia es un principio de vida. Quienes creemos que la honestidad no se negocia. Digo, si aún hay algo qué hacer para combatir esta maldita corrupción, que está acabando con nuestro país.

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