Los otros ‘bolillos’

Los otros ‘bolillos’

Agosto 11, 2011 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Desde niña he escuchado historias repetidas de maltrato. Conocí de cerca, incluso, un caso en el que el marido maltrató por años a la esposa y la golpeaba hasta porque saludaba a alguien en la calle, que él no conocía. Nunca comprendí por qué ella toleró tanto esa situación, teniendo cómo salir de esa espantosa vida. Luego supe de otro caso familiar en el que el esposo, un ogro al que todos le temíamos, llegaba borracho y golpeaba a la mujer, una persona sensible, madre entregada, bella, llena de virtudes, pero muerta de miedo.Seguro todos hemos conocido, asistido o escuchado casos de maltrato. De maridos maltratadores, de padres violentos, de mujeres golpeadoras... de una sociedad que se volvió permisiva con esa violencia que se cocina en casa. Y con ese montón de ‘bolillos’ que van por la vida golpeando sin ningún pudor, porque saben que en la mayoría de casos sus golpes quedarán en la impunidad de quien olvida o perdona una cachetada, un puño, un empujón. Por eso, más allá de la absurda discusión de si el Bolillo Gómez debió irse o no de la selección –o de reflexiones insulsas como el comparar nuestro repudio con este caso con la frialdad frente a otras tantas aberraciones y excesos cometidos por antihéroes o quienes posan de próceres– lo que realmente preocupa es ese manto de agresividad que se sigue posando en nuestra sociedad. Un drama que sólo vemos cuando ocurre un caso mediático como el del Bolillo, o el de Rafael Dangond, cuya esposa golpeada fue portada de una revista, millonaria en ventas. Mientras tanto, las escabrosas cifras de Medicina Legal sobre maltrato evidencian la magnitud de un problema mayúsculo: 51.182 mujeres agredidas en 2010. 28.692 casos en los primeros siete meses del 2011, de las cuales 21.018 fueron golpeadas por su pareja. Y de las cuales, 6.207 fueron caleñas; 55 de ellas, sin más remedio que pedir auxilio en un centro de víctimas.Comparto totalmente que el Bolillo, una figura pública que debe dar ejemplo, se haya tenido que ir de la selección por su falta. Y ojalá todos los ídolos maltratadores y todos los antihéroes pasaran al ostracismo por ser malas personas. Pero más allá de eso, lo que duele es que a estas alturas del paseo tengamos que seguir repitiendo historias como las que muchas niñas tuvimos que escuchar, cuando jugábamos a las muñecas en una esquina de la casa, mientras alguna señora lloraba o comentaba a baja voz la razón de su tristeza.

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