Los músicos del Titanic

Los músicos del Titanic

Mayo 23, 2018 - 11:45 p.m. Por: Paola Gómez

En medio de la espesa marea virtual que nos sacude a cuatro días de la primera vuelta, alguien tuvo el buen tino de etiquetarme en un tuit bello y poético, que desde el domingo tengo dándome vueltas en la cabeza: “Los que vamos a votar por De la Calle somos los músicos del Titanic de las elecciones”.

No sé si imaginará Carolina Medina, @FrauMedina, su autora, lo que el mensaje nos produjo a quienes lo leímos. En mi caso, he recreado en la mente una y otra vez la imagen de la película, cuando todos corren y los violinistas siguen tocando, con un estoicismo metafórico y perfecto. Como si la melodía los detuviera allí, para que pese a todo, la música los anestesiara, los mantuviera a salvo.

Sí, soy de esa banda de músicos incapaces de abandonar el barco cuando ven que se está hundiendo, y de subirme a una lancha que no pertenezco, como el más oportunista liberal que salió corriendo y dejó a De la Calle solo y embarcado en una misión suicida; con un mínimo apoyo, cargando a cuestas la deshonra de su partido. Tan desleales que no han medido la vergüenza a la que se someterían si el pobre ‘Tico’ no alcanza una suma decente de votos. Lamentable, pero así están las cosas.

Soy de esa banda de tercos irremediables que cree que este país merece la paz, después de haberlo visto desangrarse tantas veces. Una terca capaz de reconocer sin mezquindades ni demagogia, como lo dice el Cerac, que tras la negociación con las Farc se han salvado más de 3000 vidas; que no hay atentados semana a semana y que a pesar de los colaterales y los incumplimientos, fue un abogado reconocido el que arriesgó su prestigio y su capital político para estar ahí, como los músicos del Titanic, convencido de lo que hacía, a pesar de que eso sea lo que hoy lo tiene en el último rincón de las encuestas.

Respeto profundamente al que vaya a votar por Fajardo, Vargas Lleras, Duque o Petro este domingo. Y no pretendo que usted vote por De la Calle, si no lo representa. Me entristece la soberbia del que cree que en política tiene la verdad absoluta e insulta al que no comparte sus ideas, como si este país ya no estuviera harto de odios. Yo sigo tocando el violín hasta el final. Firme con el estadista, el exconstituyente, el negociador, el nadaísta, el caballero, el hombre fiel a sus principios. No voy a sucumbir a la tentación del voto útil, que considero el más inútil de los votos cuando lo haces renunciando a todo en lo que crees, a lo que eres.

Así somos muchos de los que vamos por la vida apostándole a imposibles y creyendo que el milagro ocurrirá, incondicionales, dándolo todo, como si fuéramos uno más de los míticos músicos del Titanic. Porque la vida se trata de lecciones, más que de victorias, sigo contigo, De la Calle, antes que subirme a última hora al trasatlántico arrasador de una victoria ajena. Al final estaremos a salvo, quienes hicimos lo que nos dictó la conciencia. 

Sigue en Twitter @pagope

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