Ley Yuliana

Ley Yuliana

Diciembre 08, 2016 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Coincidencias trágicas. Hace quince días este mismo espacio tuvo el nombre de otra mujer, víctima de abuso sexual y tortura: Dora Lilia Gálvez, quien murió en la Clínica San José de Buga, tras luchar varias semanas por su vida. Hoy, cuando aún no nos reponemos de este caso, que puso de nuevo sobre la mesa las dramáticas cifras de la violencia contra la mujer (2047 afectadas en el Valle entre enero y noviembre de 2016) registramos un nuevo crimen que estremece las entrañas de un país entero: la muerte de la pequeña de 7 años Yuliana Samboní, víctima de feminicidio, tortura y acceso carnal violento, y cuyo autor sería un prestante arquitecto bogotano, ya en poder de las autoridades, identificado como Rafael Uribe Noguera.Entonces salen a la luz pública datos como que a diario se reportan entre tres a cinco denuncias por abuso sexual de menores en Cali; que en el Valle han sido capturadas 131 personas por esta causa en 2016; que entre enero y octubre Medicina Legal atendió 15.237 menores por abuso sexual en Colombia. O lo que es peor, que a cada fiscal en Cali le corresponden 300 procesos en promedio, lo que explica que delitos como el abuso envejezcan en los anaqueles rotulados con un pendiente.La tragedia de Yuliana es la de una sociedad que a pesar de tantos golpes sigue siendo incapaz de proteger a sus niños. La de una sociedad que incuba sociópatas, que quizás de niños jamás fueron corregidos. La de una sociedad donde la prevención se escribe en cartillas cuyo mensaje no llega a donde tienen que llegar. La de una sociedad donde la impunidad en los delitos sexuales asciende al 95%, según la Corte Penal Internacional. ¿Entendemos, entonces, por qué seguimos enterrando Yulianas o Dora Lilias en Colombia? Hoy recuerdo cómo tuvo que pasar lo que pasó con Rosa Elvira Cely para que se tipificara el feminicidio en Colombia y se agilizara el estudio de leyes para dicho fin. O cómo solo hasta que un demente le desfiguró el rostro a una joven bogotana entendimos que las quemaduras de ácido necesitaban castigos más severos y así surgió la Ley Natalia Ponce. Ojalá que la tragedia de Yuliana propicie algo similar. Que no se quede en la anécdota de un crimen tratado de manera irresponsable en algunos medios (lo que hace el afán del rating), si no en la razón para que por fin se agilicen los procesos que involucran delitos sexuales contra menores y se cristalicen castigos más severos; propósitos por los que tanto abogó en vida la ex ‘congresista de los niños’ Gilma Jiménez. Y que comprendamos que este no es un delito más al que asistimos como simples espectadores si no un caso que nos deja lecciones a todos: a la justicia, a los legisladores, a las autoridades y sobre todo a los padres de familia. Cuán grande es el reto de quienes educamos a los hombres y mujeres del mañana...Sigue en Twitter @pagope

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