Las heridas abiertas

Mayo 19, 2011 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Las tres heridas de Cali. La víctima, el sicario y el héroe. Tres heridas abiertas de una ciudad violenta, que a veces parece anestesiada para no lamentarse de su propia tragedia. Es viernes en la noche, en la sala de urgencias del Hospital Universitario del Valle. Pasadas las 7:00 p.m. ingresa un hombre de 18 años, herido con arma de fuego. Junto a él, un hombre de 59 años, herido de muerte. Y un poco después, un abogado de 57 años con 5 heridas de bala.La noticia trasciende a los medios así: “El reconocido abogado caleño y ex concejal Hernán Darío Escobar, sufrió un atentado, cuando se movilizaba en la calle 10 con Carrera 10 del centro…”. Detrás de esa información, lo que en realidad estaba ocurriendo era un capítulo más de ese CSI que vive a diario Cali. El joven de 18 años era justamente uno de los sicarios que intentó acabar con la vida del abogado. Y el hombre de 59 años, un vigilante del sector donde ocurrió la balacera, quien decidió salir en defensa de Hernán Darío. El cruce de disparos lo dejó sin vida la misma noche del viernes, en esa sala de cirugías, donde al mismo tiempo atendían al joven que le disparó sin piedad.Los testigos, los médicos que se encontraban esa noche de turno, saben que esta imagen se repite con frecuencia. Que víctima y victimario comparten sala. Y saben también que su misión es salvar las tres vidas; sanar las tres heridas de Cali.Hoy, Hernán Dario sigue en estado crítico. Y el sicario que le disparó falleció ayer. Pocos preguntaron por la suerte del vigilante, por su familia, por el duelo de un hogar humilde, que hoy llora una tragedia repetida en esta ciudad. Pocos saben los móviles de los sicarios. Pocos saben el origen de ese joven que representa otra historia repetida: la del sicariato que se alimenta de sangre fresca, porque sabe que la ambición siempre le gana el pulso a la conciencia. Y mientras Cali se desangra, algunos que aspiran a gobernarla repiten frases prefabricadas: “Porque es lo mismo que ocurre en otras ciudades del país y porque es parte de un fenómeno que desplazó la violencia del campo a la ciudad y bla, bla, bla”. No. Perder la capacidad de asombro es lo peor que nos puede pasar. Y peor aún, seguir eligiendo mal, cuando hasta ahora no escucho la primera propuesta seria de seguridad, de los aspirantes. Algo tiene que cambiar en esta ciudad de heridas abiertas, de muertos inocentes, de sicarios, de atentados... Algo tiene que cambiar en esta Cali a la que hace mucho tiempo le dejó de doler su violencia.El comentario sangrón: ¿Será que los candidatos tienen algo más que discursos filosóficos y palabrejas baratas sobre la seguridad? Lo que Cali necesita es sensatez, creatividad. ¡No más demagogia!

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