La violencia no es paisaje

Noviembre 21, 2013 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Cuesta creer lo que afirma monseñor Darío de Jesús Monsalve, pero es verdad: “Esta es una ciudad que parece haberse acostumbrado a la violencia”. Digo que cuesta creerlo porque no se concibe que una ciudad sacudida hace 14 días por la masacre de ocho personas, y en la que tienen sede al menos 38 bandas criminales, algunas con capacidad de acción transnacional, siga la rutina como si nada.No puede ser que nos acostumbremos a la idea de que esas bandas sean, incluso, protagonistas del delito en otros países, como ocurrió con la captura de ocho integrantes de una de ellas en España, o que registremos que las mismas ofrecen servicios outsourcing, cual sofisticadas empresas del delito. No puede ser que nos acostumbremos a la dosis diaria promedio de cinco homicidios. Y menos pretender, como algunos sugieren, que “tapemos los muertos, porque eso es lo que hacen en otras ciudades para no afectar su imagen”. No puede ser anécdota que esos menores infractores que se ‘rehabilitan’ en Valle del Lili sean ‘rescatados’ por sus jefes para seguir delinquiendo, porque su edad es el mejor atributo de un sicario para seguir libre.Tampoco es normal que la noticia del atentado a Diego Gómez, director del canal universitario de Univalle, ocurrido la noche del pasado martes en El Ingenio y reconocido por sus colegas cercanos como una buena persona, sea simplemente eso: un atentado más. Y aterra e indigna ver que haya quienes están haciendo política con la inseguridad, de manera inescrupulosa y sin un interés distinto que el personal, revoloteando como buitres sobre la tragedia y dando declaraciones que asustan. No necesitamos que repartan pánico, necesitamos propuestas serias.Creo, como dijo monseñor Monsalve que tenemos que aprender a confrontar lo de pachangueros con una cultura protectora de la vida humana, donde prime la convivencia “porque si no fácilmente nos ponemos a bailar sobre la sangre derramada”.Creo que a las autoridades locales les ha faltado contundencia en las decisiones en torno a la seguridad, porque el de las bandas es un problema tan serio que no se alivia con operativos relámpago ni con medidas cortoplacistas, si no con una política pública de seguridad, que trascienda el debate del plan desarme como única alternativa. Eso, además de que desconcierta el silencio de la Tercera Brigada frente al desarme pedido por el Alcalde y frente a la pregunta legítima de la ciudadanía ¿ por qué hay armas incautadas 1, 2 y 3 veces que andan en manos criminales? Ya con diciembre a la vuelta de la esquina y con el temor de que las fiestas nos anestesien frente a lo ocurrido, aguardo la esperanza de que esta ciudad que mostró de qué está hecha con su respuesta a los Juegos Mundiales no renuncie a su esencia solidaria, se conmueva frente a la tragedia y entienda que la violencia no puede volverse paisaje.

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