La 'Sucursal del motel'

La 'Sucursal del motel'

Junio 23, 2010 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

No hay que poner la lupa para comprobar algo que salta a la vista: Cali se nos motelizó. Y no precisamente porque su vocación al desarrollo de industrias de diversión haya propiciado la aparición masiva de estos negocios, muy ligados a la rumba. No, la razón es otra: aquí no hay quién ponga orden, así la sentencia le talle a más de uno en el CAM. De ninguna otra manera se explica que nadie haya puesto en cintura a los avispados que se las ingeniaron para abrir moteles, disfrazados de apartahoteles. Las evidencias saltan a la vista. Si usted va por la Autopista, se los encuentra a granel. En el carril sur norte, pasada la Guadalupe, están El Castillo y La Torre, dos dizque apartahoteles que por fuera son unos adefesios: torre eiffel, castillo como de cartón y piezas de lona colgante, tipo car wash. Más arribita están Las Siete Maravillas, de un exquisito diseño kitsch. Y luego, el más grande, el parisino, el ‘majeshorroroso’ Moulin Rouge, un diseño arquitectónico de niño de quinto de primaria. Después del cruce con Pasoancho está el apartahotel Los Cisnes y así sucesivamente... Ahora vamos a los documentos: el POT, con base en la Ley 388 de 1997 ordenó la conformación de polígonos o fichas normativas (norte, sur, oriental, occidental y urbano regional) sobre las cuales Planeación debe establecer usos del suelo. Entonces, el muy avispado dueño del motel pide su licencia al curador, mostrando un esquema básico de la obra y su certificado de uso del suelo (que muchos violan porque no hay control posterior). Y lo presenta para construir un apartahotel, porque en zonas de uso mixto puede haber hasta bombas de gasolina, pero no moteles. En Cali no está autorizada la construcción de moteles en su zona urbana, a menos que se demuestre que no generan impacto.Hace poco, en el Concejo de Cali se debatió cómo en el 2006 se pidieron 56 permisos para apartahoteles; en el 2007, 52; en 2008, 33 y en 2009, 30 y este año ya se han tramitado alrededor de diez. No faltará el que califique esta crítica de mojigatería. Pues no. Lo que me molesta es que no respetemos la ciudad, que nos valga cinco violar la norma, que desdibujemos nuestros barrios. Pero ¿qué esperanzas vamos a tener con una autoridad que permitió que el dueño de un motel ‘le regalara’ a Cali una estatua de la Venus de Milo de 16 metros? ¿qué esperar si a muchos la graciecita les parece cheverísima? ¡No más señores! Lo que a Cali le falta es orden y rechazo vehemente con lo que está mal.El comentario sangrón: ¿quién le está haciendo el favor a Juan Carlos Abadía para que regrese a su cómoda oficina de la Gobernación? Un nuevo vergonzoso capítulo de nuestra ‘impoluta’ política local.

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