La mujer a los 40 y más

Julio 07, 2016 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Saben lo que quieren. Van por la vida sin prisa pero sin pausa. No tienen la ansiedad de los 20 ni la fatiga de los 30. A ellas se les ve resueltas, seguras, experimentadas. No es que hayan dejado de ser las mismas, lo que pasa es que ya no están en la crisálida y se han desprendido de los temores de sus primeros vuelos. Ahora acumulan millas de viaje y las saben usar a su favor. Hay algo especial en esas mujeres de 40 y más. Se les nota en el brillo de sus ojos, en el ritmo de sus palabras, en el desparpajo de sus historias, en la kinesis de sus tragedias, en la espontaneidad de sus alegrías, en la franqueza de sus posturas, en la fragancia de sus decisiones, en la firmeza de sus pasos, en la altivez de su espíritu…El pasado sábado vi a 28 de ellas juntas, en un encuentro para celebrar los 25 años de graduadas del Colegio La Sagrada Familia (nada que ver con las reuniones de egresados descritas hace dos días por Sirirí). Allí, todas tuvieron un espacio para contar en voz alta qué ha sido de sus vidas casadas, separadas, solteras, madres o sin hijos, profesionales o empresarias. Algunas se robaron el show al contar que sus parejas son mucho menores que ellas, incluso hasta 12 años (haciendo cuentas por encimita, una de 42 con uno de 30), lo que desvirtúa la machista teoría de algunos señores que conozco, que creen que las de 40 o más solo levantan cuchos.Otras se burlaron a carcajadas de sus peores demonios y contaron con estrictos detalles y sin pena lo oculto y lo insólito; se tomaron decenas de fotos y vinos para el recuerdo; repasaron las imágenes de sus años maravillosos; cantaron a grito herido las de la época o las de la vida; le pidieron al de la música o al de la guitarra (que eran lindos) una y muchas fotos con ellas. Ese día reafirme una reflexión que tengo en la cabeza hace un buen tiempo; a nosotras, las mujeres de 40 y más, hace mucho rato que nos importa mucho menos lo que piensen para mal los demás. El afán de posar de intelectuales ácidas o de impresionar a un séquito de incautos con una imagen falsa de sí mismas no nos interesa. Tampoco nos importa escuchar las tonterías de falsos profetas de elaborados discursos; tenemos el olfato para reconocer al enredador o a la embaucadora y a los que creen que se las saben todas. Nuestro silencio será la mejor paga a sus artificiales y fracasados intentos de provocar que mordamos el anzuelo o que despierten nuestra furia.Puede que haya algo de hipérbole en esta teoría. Pero sin duda, el ver a todas esas niñas con las que crecí convertidas en mujeres de verdad, arrolladoras y auténticas, me hizo recordar cuánto estoy disfrutando desde hace dos años ya el cuarto piso, con más frescura, más serenidad y menos tabúes y complejos. De eso se trata la vida también; de encontrarla cada día más retadora y atractiva a la vez.Sigue en Twitter @pagope

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