Fútbol sin sangre

Septiembre 26, 2013 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Una Ley del Fútbol que se quedó en el papel, un montón de programas contra la violencia, archivados en el baúl de los recuerdos; una dirigencia deportiva que no se mueve de su pedestal; unos equipos que sacan el bulto, unos barristas (no todos) que actúan como dioses, que infunden más miedo que respeto… una sociedad atónita que prefirió ausentarse del ‘mejor espectáculo del mundo’.Que este año hayan muerto 31 hinchas de manera violenta en Colombia, por hechos que involucran el color de su camiseta, es inconcebible. Como también es inconcebible que nos matemos por cualquier razón. Que en cuatro días hayan asesinado a dos hinchas del Nacional y al padre de un hincha de Santafé, por defender a su hijo, es más que una triple tragedia. Que a diario salgan vídeos de agresiones que en todo el país se registran entre hinchas, demuestra la magnitud de un drama, que hace mucho tiempo se salió de madre. Se volvió cíclico que cada tres meses hagamos un gran escándalo por una nueva muerte de un hincha de fútbol. Y los llamados a tomar medidas vociferan su disgusto y enumeran las supuestas acciones que han ejecutado, pero aquí no pasa nada.Si bien, ninguna de esas muertes ocurrió en un estadio, todas están relacionadas con el fútbol. Quizás por ello es tan difícil hallar la fórmula para acabar con esa violencia que está oxidando por dentro el corazón de un deporte, que solo debería alegrar la vida.Pero solo cuando se produzca una gran reflexión y se combinen todos los métodos de lucha (sanciones duras, judicialización de criminales disfrazados de hinchas, campañas con las barras y conciencia ciudadana) será posible revertir esta dura realidad.Señores del gobierno: necesitamos más que discursos vehementes de rechazo; necesitamos acciones claras, leyes que se cumplan, autoridad. Señores policías: clamamos porque capturen a los delincuentes disfrazados de hinchas, plenamente reconocidos. Señores de la Dimayor: no nos sirve que solo digan que esto tiene que acabar, nos sirve que inicien acciones reales y pongan en cintura a los equipos que se hacen los ‘gringos’ con el problema. Señores dueños de los equipos: la violencia aleja al buen hincha del estadio, ¿dónde queda su responsabilidad social? Actúen, que el problema también es de ustedes. Señores barristas: limpien sus barras. No inciten a la violencia, inciten al fútbol en paz.Tengo un hijo de cinco años, hincha del Cali y enamorado del fútbol, que sueña cuando esté más grande con ir al Pascual, vestido con su uniforme blanco y verde. Para ese niño y para todos los que vibran con el deporte, necesitamos que en Colombia haya un fútbol sin sangre. Ojalá todo este revuelo sirva para detener esa estela de hinchas asesinados y que el fútbol no sea más que un bello romance con la pelota, que despierta la emoción profunda de un planeta rendido eternamente a sus pies.

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