En el reino de los coach

Enero 05, 2017 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Los hay para todo: para entrenamiento en las empresas, para enseñarle a vestir, para hacer deporte, para que sus hijos aprendan a hacer las tareas, para reponerse de una pérdida, para espantar las malas energías, para la programación neurolingüística, para un cambio de imagen, para espantar las fobias, para adaptarse a una nueva vida, para aprender a hablar, para ir, para venir… Llegaron pisando fuerte con su sofisticado nombre en inglés coach. Y aunque en un principio parecían ser una especie de hada madrina que traía consigo los secretos de la felicidad laboral poco a poco se fueron adueñando de un sinnúmero de espacios de la vida. Incluso, por momentos desplazaron al sicólogo que, para no quedarse atrás, se reinventó con algún curso o diplomado tan en boga y se certificó también como coach, para no perder caché.Poco a poco, los coach se convirtieron en un artículo obligado en esta sociedad consumista que vive tan de prisa y que parece incapaz de mirarse a sí misma para reconocer su esencia. Quizás en el exigente camino en el que no puedes quedarte atrás en nada perdimos esa capacidad de detenernos y reflexionar sobre lo que queremos, podemos y necesitamos. Y entonces esta especie de súper héroes modernos aparecieron como los salvadores que tanto urgíamos para lograr las metas, vendernos mejor al mundo y hasta para volver a sonreír.¡Me les quito el sombrero a los coach! Son unos duros. Porque mientras nosotros cada día encontramos una y mil maneras de desconectarnos de nuestra central de energía (el alma) ellos entendieron que solo recordando el poder de ella, eso tan sencillo, es como podemos andar por la vida. En estos días en que andamos mirando uno y mil propósitos para este 2017, sería bueno que incluyéramos en ese listado ser nuestro propio coach. O al menos recordar que no es ansiando la vida del otro como vamos a encontrarle sentido a la propia. A veces subestimamos tanto nuestros propios poderes y les damos tanto a los demás…Hace un par de días veía en un canal infantil la historia de una joven que le preguntaba a sus amigos de clase cuál era su súper poder, qué la hacía diferente. Y en eso se pasó todo el capítulo, hasta que un profesor le pidió que lo pensara y lo encontrara ella misma. Y así fue cómo la adolescente halló lo que la hacía extraordinaria. ¿Es tan difícil que volvamos a mirar hacia adentro y entonces reencontrar nuestros poderes? No lo creo. Es simplemente aprender un poco de los coach y creer más en todas esas pequeñas cosas que abandonamos en el camino. Sigue en Twitter @pagope

VER COMENTARIOS
Columnistas