El revolú de los barrios

Agosto 29, 2013 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Lo dice clarito el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial, POT de Cali en su artículo 274: “El área de actividad mixta se asigna a las centralidades y a los CORREDORES jerárquicos de actividad, donde se podrán desarrollar actividades comerciales, de servicios e industriales de BAJO IMPACTO, de acuerdo con su vocación y función territorial”.El párrafo es contundente al definir el controvertido uso mixto del suelo, que el mapa adjunto al documento ilustra con franjas rojas muy inferiores a las que hay en la realidad, tal y como ocurre con el generoso verde de las laderas, que más bien deberían ser pintadas con el gris del concreto. Si bien, las miradas al POT están centradas en los lineamientos al desarrollo de la construcción, no hay que subestimar el ordenamiento de una ciudad, que hace mucho tiempo perdió su orden. Fíjese en la Autopista Suroriental, convertida en vitrina de moteles; la Carrera 66 a la que no le cabe una discoteca y un bar más y donde el que va de paso pasa muy bueno, pero los que vivían en ella salieron corriendo. Fíjese en el desorden de los corredores principales de El Caney. O en los estancos de la Calle Novena. O en la bullaranga que el fin de semana arma la tienda de la esquina de su barrio. O en el drama del vecino de una discoteca de la Pasoancho que el fin de semana no tiene cómo entrar a su casa, porque el andén es parqueadero de motos. Difícil imaginar que la ciudad se quedaría congelada en el tiempo, como una postal del Cali Viejo. Pero no por ello permisible que en cambio se haya convertido en una Cali donde la mayoría de barrios hoy tienen su informal distrito comercial y de rumba, instalado a la brava. Recientemente, el presidente de la Junta de Acción Comunal de El Peñón manifestó su interés porque el barrio sea ejemplo de convivencia, donde se negocia con los dueños de restaurantes y se pone reglas a las discotecas y bares. Incluso, ya cuentan con valet parking.Ojalá tanta dicha se mantenga y se traslade a sitios como el Parque del Perro o al mismísimo Granada, hoy orgullo de la ciudad por la oferta comercial y gastronómica, pero también dolor de cabeza para algunos vecinos, cansados de pelear con el ruido de los establecimientos. Cansados de enfrentarse los viernes por la noche con el de la discoteca que se olvida que alguien duerme cerca. O la señora que tuvo que poner vidrios blindados para disminuir el ruido. O el que tiene que llegar antes de las ocho para poder guardar su carro. Ejemplos hay por doquier. Por eso, lo primero que habrá que hacer es revisar y renovar los mapas que apoyan el POT que está en estudio, además de obligar a que la autoridad ejerza el control para cerrar los sitios que incumplen las normas y poner en cintura a los que exceden el ruido, invaden el espacio público y desconocen el interés general. No vaya a ser que se nos tiren San Antonio y lo vuelvan un epicentro de rumba. O que Valle del Lili, El Caney, Prados del Norte, El Jardín y otros barrios repitan la historia de la caótica 66, donde ya parece imposible poner orden alguno. Y que el POT sirva en realidad para ponerle orden al revolú en que se convirtieron muchos barrios caleños.

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