El reclamo del Pacífico

El reclamo del Pacífico

Mayo 10, 2017 - 11:55 p.m. Por: Paola Gómez

Marginalizado, estigmatizado y olvidado. Así dijo sentirse un habitante de Quibdó, mientras caminaba por las calles del municipio y era abordado por la cámara de un noticiero. Su clamor resume el sentimiento que recorre decenas de pueblos del Pacífico, condenados al olvido de un país que sólo los mira cuando urge atender uno de sus dramas humanitarios o cuando se rebelan y reclaman una vida digna.

Eso es lo que está pasando hoy en el Chocó, lo que ocurrirá la próxima semana en Buenaventura y lo que pasó hace un mes en Tumaco, donde sus ciudadanos, hartos de la desidia central, de los incumplimientos, se organizan y paran para exigir apenas lo justo: un hospital, un acueducto, una carretera, un colegio, un trabajo, energía...

Increíble. Un municipio grande como Quibdó no tiene un hospital de tercer nivel. Tampoco lo tiene Buenaventura, donde si mucho lograrán que les den uno de segundo nivel, quién sabe cuándo. Dicen los promotores del paro del 16 de mayo en el “bello puerto del mar” que primero estará lista la morgue que el cacareado hospital.

Inconcebible. Quibdó no tiene una carretera pavimentada con qué comunicarse a Medellín o a Pereira; no han logrado que les construyan las vertientes hidroeléctricas en Juradó, Nuquí y Bojayá, ni la interconexión eléctrica para Unguía, Acandí o el Medio Atrato. Eso para no hablar de los pueblos que hoy permanecen confinados por la disputa del ELN y grupos de autodefensas. ¿Acaso se olvidan que justo hace 15 años, más de 80 personas murieron en la iglesia de Bojayá, por culpa de un enfrentamiento entre las Farc y los paramilitares?

Indignante. En Buenaventura, hace TRES AÑOS se firmó un documento fruto de un paro cívico, para que les garantizarán agua 24 horas, en 24 meses. Ya vamos en 36 y aún la mayoría del municipio sigue sin agua potable. Entre el martes y el miércoles una avanzada de ministros los visitó para hablar de los ‘avances’. La ministra Elsa Noguera dijo que ya están listos los recursos y proyectos para ampliar en 18 horas el abastecimiento. Como si arrancaran de cero. Como si no hubiera pasado el tiempo.

Preocupante. En Tumaco y pueblos vecinos el paro de hace un mes fue de los campesinos, en los corregimientos donde hay que remplazar los cultivos ilícitos, pero la gente aún no tiene de qué vivir. Los enfrentamientos con la Policía lo que provocaron fue violencia, miedo, incertidumbre. Ya tienen su respectivo recetario de promesas. A ver cuánto tardan en llegar.

Difícil solucionar de la noche a la mañana lo que es fruto de un abandono eterno. Más difícil aún imaginar que en tierras ‘prioritarias’ para el posconflicto llegue la paz, cuando ni siquiera hay salud.

¿Cuánto más tendrán que esperar los pueblos del Pacífico para que les traten con respeto? Ya es hora que termine su injusta condena a vivir cien años de soledad.

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