El maligno

Marzo 31, 2016 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Dice monseñor Darío dé Jesús Monsalve, miembro de la comisión facilitadora de los diálogos con el ELN, que en el proceso de paz con las Farc “hay demasiado uso de la mentira para desinformar”. Dice también que el que desinforma es “Satanás, ‘el maligno’, ese que desde el principio de los tiempos es homicida (la historia de Caín y Abel) y padre de la mentira. El maligno tiene muchos seguidores, que utilizan el maquiavelismo para engañar. Porque la mentira también es un arma de guerra. Ese maligno tiene muchos apellidos en la historia de Colombia. Lo triste es que haya quienes se le apunten a ser sucesores en esa cadena”.Nada más oportunas estas frases de un reciente diálogo que sostuve con el Arzobispo de Cali, justo ahora que el gobierno inicia un nuevo proceso de paz con el ELN, una guerrilla de más de 50 años de historia y autora de decenas de hechos violentos en Colombia, entre ellos los dos secuestros masivos que sacudieron nuestra ciudad en 1999 y 2000 y que cubrí como reportera: La María y el Kilómetro 18. Nada más cierto que la mentira es un arma de guerra. Y en el caso nuestro, un arma tan poderosa que termina alienando y alineando soldados a un ejército que a veces no sabe siquiera cuál es la causa que sigue, sino a qué pastor venera. Y cual borregos o adoratrices, a los que se sujetan de las narices con apenas dos dedos de la mano, recitan y vociferan discursos vacíos, casi siempre con la misma retórica barata.Que quede claro que no auspicio a la guerrilla del nombre que sea, ni convengo con las masacres, extorsiones y la pobreza con que a costa de una desfigurada justicia social han sembrado terror, hambre y desplazamiento. Y menos, cuando con el tiempo cambiaron su ‘razón social’ y se enriquecieron con los negocios del secuestro, los narco cultivos y la minería ilegal.Pero eso es muy distinto a aplaudir a aquellos que confunden la oposición con actuar como una secta incapaz de reconocerle logro alguno al ‘contrincante’ y con un no como respuesta ante cualquier intento de construir paz. Porque en un país como el nuestro, que ha sufrido años de barbarie, dolor y muerte, las heridas solo se sanan cuando seamos capaces de desarmar no solo a la subversión si no a toda una sociedad que a fuerza de convivir con la guerra, sucumbió a las formas más detestables y hostiles para enfrentarla.Aún tenemos muchas dudas sobre los puntos finales de la negociación con las Farc y sobre los planteados en el diálogo con el ELN. Y tememos que quizás muchos de sus miembros transmuten en otras formas de violencia.Con todo y eso, y con un profundo respeto por quienes ponen los puntos sobre las íes con argumentos serios y son el filtro ácido de estos procesos (sano y necesario ejercicio) creo que un país que negocia la paz no necesita ejércitos de ‘malignos’ que usan la mentira para desinformar.

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