El jarillón

Diciembre 09, 2010 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Allá, donde la ciudad sólo mira cuando llueve duro y se sube el caudal del río Cauca, existe un submundo donde se conjugan la miseria, la ingenuidad, la viveza, la mafia, la politiquería, el desgobierno. Allá no llegan las buenas noticias. Ni siquiera cuando hay reubicaciones. Sus habitantes duermen con un ojo abierto, mientras los niños corren descalzos, en medio de ranchos a medio construir. Allá se vive en la pobreza extrema, en una micro ciudad de 12.000 personas que creció sin que nadie lo evitara. Hoy, cuando se han reventado varios diques y se han inundado municipios del norte del Valle, la Zona Franca del Pacífico y Juanchito, todo el mundo ha vuelto los ojos sobre ese enorme sostén que separa la ciudad del río Cauca y al que todos conocen como jarillón. De nuevo se revive la eterna preocupación de qué pasaría si el dique se revienta: media Cali se inundaría, 79 barrios quedarían bajo el agua y más de 700.000 personas, damnificadas.Muchos dicen que no es para tanto, que no hay riesgo tal, que faltaría mucho para que se rompa el muro de contención. Y por enésima vez salen funcionarios a decir que mañana mismo desalojarán las invasiones que por años no han podido desalojar. Porque el problema del jarillón del río Cauca es mucho más complejo de lo que se ve. Primero, porque existe un círculo vicioso del que desaloja porque le asignaron una vivienda y cuando ‘corona’ una reubicación, vuelve y se asienta en el jarillón. Lo que es peor y algo de lo que muchos hablan a gritos: existen caciques que manejan con computador el censo de los habitantes, les venden lotes que les pertenecen al Municipio o hacen negocios con las reubicaciones, sin que hasta ahora haya poder humano que los logre judicializar. Eso, para no hablar del dilema de quién es responsable de recuperar la zona: si el Gobierno Municipal, por ser una zona que pertenece a Cali, o la CVC que es la máxima autoridad ambiental de la región. Eso, para no hablar de otros problemas ambientales gravísimos que allí se presenta: la licuación de suelos y las hormigas arrieras que se comen el dique y los enormes problemas sociales por atender. Ya estuvo bueno de tantos diagnósticos y anuncios de desalojos. Si de verdad queremos evitar una tragedia, que ya muchos han simulado es hora de ponerse los pantalones, sacar a los invasores, corregir el daño ambiental y proteger el único sostén que separa a Cali del Cauca. Porque si algo ha faltado en este, como en tantos otros episodios de nuestra realidad local, ha sido voluntad política y autoridad. El comentario sangrón: mientras que los vallecaucanos reunimos $50 millones en la Ayudatón por los damnificados del invierno, los paisas recaudaron $3.842 millones el domingo pasado... Sin palabras.

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