El despelote de Tránsito

Marzo 03, 2016 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Que hay mafias enquistadas entre sus funcionarios, que se levantan multas o no se aplican, que hay secretarías paralelas en sus afueras y en otros municipios; que hay que negociar con “los que mandan adentro”, quienes tienen el sartén por el mango y su poder es tal que ponen y tumban secretarios, si es que estos no son de su gusto. Parece un cuento de nunca acabar. Y ahora, por cuenta del descontento que les produjo la idea fracasada de tener que compartir funciones con la Policía y la designación de uno de sus miembros como Secretario de Tránsito, volvieron a la palestra pública las voces que aseguran que adentro hay tanta corrupción, que es difícil que alguien sea capaz de poner orden.Según denuncias hechas a El País, en informe del 28 de febrero, el imperio de algunos guardas es tal que al castigado lo mandan al Túnel de la Avenida Colombia, mientras que al de la rosca le tocan operativos de alcoholemia, grúas, patios y trámites, que es por donde entra la platica. Hay quienes señalan, además, que el argumento de “inconvenientes de legalidad” para que la Policía entrara a ejercer funciones de tránsito en Cali, como ocurre en otras ciudades, respondería más a un acuerdo tácito: “No vienen policías y les dejamos de Secretario al coronel Rincón”. Pero el tira y afloje siguió cuando removieron supervisores y al mismísimo Jefe de Guardas, que fue remplazado por el primo de un concejal, a quien acusan de tener investigaciones pendientes, y quien, en su defensa dice que lo que quieren con esos señalamientos es hacerle el cajón. Mientras tanto, en la ciudad el caos reina en algunos sectores, porque, al parecer, los guardas disgustados adelantan un plan tortuga para torpedear las decisiones del Secretario, que tendría la misión de investigar a fondo lo que ocurre en la dependencia. Lo que está pasando con el Tránsito de Cali es fruto de años de desgobierno, en los que a pesar de las alertas no se ha hecho nada para acabar con las mafias, los cacicazgos y las roscas que hacen lo que les viene en gana. Y este pulso de poderes deja en evidencia que cuando se piensa en los intereses particulares, la única gran perdedora será siempre la ciudad. Difícil esperar que la ciudadanía cambie de actitud y se comporte bien en las vías, cuando no confía en la autoridad de una cuestionada Secretaría. Difícil pensar que un Secretario, al que no le va bien en los dos primeros meses, logre controlar lo que ocurre allá dentro. Difícil pensar que así, algún día, termine el despelote de Tránsito.

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