El cazador de corruptos

Mayo 05, 2011 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Caza-corruptos: sofisticado sistema electrónico de alta tecnología, al estilo del legendario Lo-jack de los 90, capaz de detectar con sólo un latido del corazón, una mirada de cinco segundos o un par de frases a personas que tengan las agallas para estafar, actuar con perversión o dejarse corromper con dinero o con regalos.Debe ser pequeño, liviano y portátil. Ojalá no sea muy costoso, se cargue con luz día o luz artificial. Y que su estructura sea de un material anticorrosivo e incorruptible. Es preciso que sea un producto de bajo costo, para que lo pueda adquirir desde el dueño de la panadería hasta el ministro más encopetado. Y claro, debe conseguirse en cualquier supermercado, en las tiendas, en las galerías. El ingenioso invento será la revolución del mercado, un fenómeno en ventas, el artículo número uno de la canasta familiar. Su creador será postulado al Premio Nobel y obtendrá todos los reconocimientos científicos. El antiquísimo polígrafo, que en espíritu cumplía función similar, será apenas un referente histórico, que inspiró la creación del moderno caza-corruptos. ¿Será mucho pedirle a la ciencia que algún genio criollo se le mida a esta necesaria invención? Porque tal y como están las cosas en Colombia, no vislumbro otra manera de aniquilar el que es sin duda el peor cáncer de nuestra sociedad. Porque no encuentro otro antídoto para evitar que una mafia desangre nuestro convulsionado sistema de salud, se robe más de $4,5 billones, invente tutelas y todo tipo de sobrecostos en medicamentos, cuando en la calle hay quienes mendigan por una medicina que no cubre el POS, por una cita a tiempo con un especialista o por un trato apenas digno, que corresponda a lo que aportan al sistema de seguridad social.Sin el caza-corruptos no veo cómo evitar que más alcaldes hagan negociados con familias de bandidos envueltos en paño inglés y con vida de magnates. O gobernadorcitos de pacotilla que empeñan los recursos de un departamento quebrado, bajo la muy manoseada figura de las vigencias futuras y, lo que es peor, acaban con hospitales públicos, que en otrora fueron modelos de gestión... O colombianos que le venden el alma al diablo con tal de escalar sin el más mínimo esfuerzo y al más asqueante estilo de ganster.No. Ya el atribulado corazón de quienes creemos que es posible ganarse la vida con el sudor de la frente no soporta un escándalo más. Por eso, a falta de caza-corruptos necesitamos un escuadrón de gente decente que no se deslumbre por un fajo de billetes y que se la juegue por este país del sagrado corazón, al que le hace falta berraquera para acabar de una vez por todas con esta maldita corrupción.

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