El caleño indiferente

Febrero 12, 2015 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

“Las ondas migratorias han generado desconfianza. El narcotráfico generó indiferencia. La gente se acomodó en los conjuntos residenciales: yo pago administración, seguridad, entro a mi parqueadero y lo demás no me interesa”.Lo dice el padre Óscar de La Vega, director del Banco de Alimentos. Lo dice porque piensa que “Cali tiene un problema doble: ha sido abanderada de la solidaridad, pero tiene mucho sector de ladera, de exclusión y un gran número de personas que cree que eso no es problema suyo”. Lo dice, además, porque aunque agradece el gran número de empresas que ayudan a mitigar el hambre, sabe que hay otro muy grueso que cree que la cosa no es con ellos.Duras verdades pero ciertas. De esos cuentos que seguimos creyéndonos en Cali es que somos solidarios, algo que quizás confundimos con que somos amables. La prueba está en que empresas de primerísimo nivel no se asoman ni con la más mínima donación a una obra que alimenta 36.000 bocas diarias, en una ciudad donde, como dijo el padre “sí hay gente que roba y muere por hambre”.Hagamos una cuenta sencilla. En el Valle hay alrededor de 60.000 sociedades (pequeños y grandes negocios). De esas, hay 500 empresas que tiene activos superiores a los siete mil millones de pesos. ¿Será que todas esas empresas están haciendo su aporte por cambiar la realidad social de nuestra región? Sé que quienes hacen donaciones grandes de alimentos al Banco son los proveedores de frutas y verduras de las grandes superficies y no el supermercado reconocido que se queda con el crédito. Sé, también, que es una empresa del centro del país: Alquería, la que suministra leche diaria a 1.300 niños de Potrerogrande. Y sé que ansían que el sector azucarero aporte en cantidades sus productos al banco, donde los alimentos no perecederos son difíciles de conseguir.Dice el padre Óscar que le preocupa ver cómo el nuevo empresario también olvida el proceso de la vida: “mirar quién está atrás, a quién puedo ayudar”. Eso, además del caleño que se hace el loco con lo que pasa, argumentando que ese no es problema suyo, si no del Estado. No nos digamos mentiras: esa indiferencia que nos encerró en nuestro conjunto residencial y nos impide ver el hambre es la misma que calla frente al que arroja escombros en la zona verde, frente al que es incapaz de respetar la fila o frente al que elige o permite que elijan a quien cuya virtud es el grueso de su billetera. Cuánto daño nos ha hecho la indiferencia. Y cuánto bien nos hace que de vez en cuando nos canten la tabla. Vea aquí la entrevista completa con el padre Óscar de La Vega.

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