El Alcalde que no quiero

Abril 09, 2015 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

A menos de ocho meses de que elijamos el que será el sucesor de Rodrigo Guerrero y en vista de que la mayoría de precandidatos ya prendieron motores, lo que ya tengo absolutamente claro es qué tipo de persona no quiero en el primer cargo del Municipio.No quiero un alcalde que como candidato sea capaz de vender sus ideales, de permutar su pensamiento, de transformarse como un camaleón de la izquierda pura a la extrema derecha, con tal de llegar al poder. No quiero un alcalde que como aspirante ponga sus huevitos aquí y allá, como si le diera igual lo uno o lo otro. Blanco es...No quiero un alcalde cuya principal estrategia de campaña sea destrozar, en lugar de proponer. Como algunos que andan por ahí esperando que les abran un micrófono para lanzar críticas y hacer populismo, hasta con la perversa idea de mantener ocupado un sitio, que sabemos debe desocuparse por el bien de la ciudad. Valga aclarar que tienen todo el derecho de criticar la forma como se viene haciendo. Valga aclarar que el candidato puede disentir del accionar del mandatario actual, pero como dice mi jefe: “No traigan problemas, traigan soluciones”.No quiero un alcalde que intente comprar conciencias, que flete periodistas para que hablen bien de su candidatura, ni que los compre con pauta para ponerlo a sonar. O que reparta mercados o ladrillos, a cambio de votos, en los barrios donde se define el alcalde. Y menos un alcalde que en campaña esté haciendo cuentas de cuánto le cuesta cada votico.No quiero un alcalde que como aspirante sea mugre con Cali, que empapele la ciudad, que le haga esguince a la norma (la publicidad electoral hoy solo está permitida para consultas y para quienes recogen firmas para poder ser candidatos). O que haga publicidad política subliminal, como estilan varios de los que están en el sonajero. No quiero un alcalde que juegue doble; que en campaña esté inscrito en su partido, pero al tiempo inscriba un movimiento por firmas, por si no le dan el aval.En conclusión, no quiero un político deshonesto, falto de ética y que esté más desvelado por llegar al poder que por construir un verdadero proyecto de ciudad. Señores candidatos, si ustedes se identifican con alguna de las conductas anteriormente citadas, con respeto les pido que desistan de su aspiración; no nos hagan ese mal. Porque en últimas, el Alcalde que sí quiero es uno en el que podamos confiar, que sea una persona proba, honesta; un caleño capaz de gerenciar esta ciudad, de pensar en la gente, de combatir su inseguridad y otros males; de generar bienestar, de ejecutar obras para su progreso. Y usted, ya se preguntó ¿cuál es el Alcalde que quiere para Cali y cuál el que no quiere? Piénselo, que tiempo todavía tenemos.

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