Cali trágica

Cali trágica

Enero 31, 2018 - 11:45 p.m. Por: Paola Gómez

Cruda. Escalofriante. Trágica. Esa, por decir lo menos, es la realidad que nos deja este primer mes en Cali. Un mes que arrancó con diez muertes el 1 de enero, relacionadas con riñas y sicariato. Un mes que sin contar las cifras de ayer, sumó cien homicidios.

Siento ser aguafiestas, pero a mí la reducción de 5 casos, frente a igual periodo de 2017, me resulta insignificante frente a la sumatoria total: cien vidas menos en Cali y no precisamente a causa de muerte natural.

¿Qué pasó de distinto este enero para hacer de ello una columna? ¡Nada! En una ciudad anestesiada a fuerza de brutalidad, a veces deja de sorprender que encuentren una mujer muerta, una mañana dominical de enero, en un motel del sur. O que una semana atrás hallaran dos cuerpos sin vida en otro motel del sur, apenas un par de días después de encontrar otra pareja en iguales circunstancias, en un motel del centro.
Eso sumado a que una pareja más apareció muerta en Comuneros. Y tres de estos casos apuntan a un feminicida kamikaze que luego se suicida, como si así borrara la culpa de matar a la mujer.

¿Qué hace tan trágico o distinto a este enero? ¡Nada! Solo que el papá de un niño de 13 meses desaparece con su hijo y días después el cuerpo sin vida del pequeño es hallado en una maleta en el río Cauca. Un hombre de 28 años. Un niño de 13 meses. Una familia destrozada...

Increíble. En las cifras, nada parece anormal, cuando todo es absolutamente anormal. Este lunes amanecimos con la noticia del hallazgo de un cuerpo de una mujer de 16 años, en una bolsa de basura. El martes, un tumaqueño es asesinado en un tradicional restaurante y la explicación es sencilla: tenía un atentado previo y su muerte estaría relacionada con ajustes de cuentas de la mafia del Pacífico. Punto.

¡Uff! Demasiada tragedia en un mes y apenas estoy citando un par de hechos. Como el de la perrita violada en Ciudad Córdoba. Como el del perro que arrojaron de un quinto piso en Brisas de Los Álamos. Como tantos otros espantosos sucesos ocurridos aquí, en su ciudad, en mi ciudad, en la ciudad que el año pasado sumó 1.233 muertes violentas pero que redujo en un 5,3% los homicidios en relación con el 2016 y por eso tenemos que estar satisfechos.

Reconozco los esfuerzos de las autoridades: el helicóptero, el plan Domingo Seguro, el patrullaje de militares, el parrillero hombre, el plan pandillas... Pero una ciudad con la psiquis enferma, que es capaz de matar y abandonar mujeres en moteles o en bolsas de basura; arrojar a un bebé al Cauca; matarse en las fiestas de año nuevo y hasta violar a una perra (perdonen la crudeza), lo que realmente urge es que le curen el alma, en lugar de preocuparse tanto por el trancón del sur.

¿Alguna vez entenderemos que lo que necesita esta Cali trágica es salvarse, antes que edificarse? No lo creo. Sanar mentes y salvar vidas no da votos, popularidad ni poder. Y eso, a estas alturas, parece ser lo único que de verdad importa. 

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