Cali no es zanahoria

Julio 08, 2010 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Que haya clubes que amparados en esa figura le hagan el quite a la Ley Zanahoria no es noticia. Tampoco lo es que en esta ciudad haya más de un experto en inventarse trucos para seguir la fiesta, cuando los establecimientos que pagan impuestos cierran sus puertas. Eso, a todas luces, es inequitativo y pone en franca desventaja a los dueños de las discotecas caleñas. Por eso, es apenas justo que les permitan extender una hora la rumba, como rige desde el fin de semana pasado.Porque no tiene ninguna gracia que mientras ellos cierran sus negocios, otros se abran en mansiones abandonadas del sur de Cali. O en bodegas situadas a unos pasitos de la Calle 70, donde arranca Yumbo. O aquí mismo, en la ciudad, en sitios a los que se ingresa por estrechos pasillos que conducen a cómodos salones, donde lo único que hace falta es poner unas mesas, música y licor para seguir gozando. Esos sitios, claro está, tampoco pagan impuestos, no tienen personería jurídica y no generan mucho empleo que digamos.A todo esto súmele un nuevo fenómeno: en las suites de los moteles, de todas las calañas, de un tiempo a la fecha se organizan tremendas francachelas con todas las de la ley, a las que asisten selectos invitados, sin ningún límite, según me contó una lectora de la pasada columna ‘La Sucursal del motel’.Siendo así, ¿para qué poner en cintura a los que están organizados? Si en últimas, no habiendo remate en Ciudad Jardín, en una bodega cercana a la ciudad o en la suite de un motel, cualquiera puede rematar en las una y mil discotecas de Yumbo o Juanchito, donde la rumba no termina. No tengo muy clara la incidencia real de consumo de licor sobre la ocurrencia de hechos violentos y accidentes entre las 2:00 y 3:00 a.m. Y es posible, muy posible, que el extender una hora más la vida nocturna eleve el riesgo y propicie las riñas, los disparos y los siniestros fatales. Por eso, entiendo la voz de alerta que lanzan desde Cisalva y el Hospital Universitario del Valle, porque antes que los intereses económicos de un gremio hay que defender la vida, por sobre todas las cosas.Pero para ser francos, Cali no es ni será zanahoria, porque no está en su ADN, porque la rumba es parte de su cultura. En lo que sí debemos trabajar es en aumentar la seguridad de las discotecas, las campañas del conductor elegido, la responsabilidad social de los propietarios de establecimientos nocturnos, la prevención de las autoridades, el compromiso de los padres con evitar que los menores se expongan. Eso creo que es mucho más efectivo que cerrar las discotecas en Cali cuando la noche empieza en el inframundo rumbero.El comentario sangrón: ¿Cómo piensa el Alcalde resolver el chicharrón de los estancos que quieren que les amplíen la hora de funcionamiento? Le va a tocar revisar primero cuáles son estancos y cuáles se transformaron en bares, sin que nadie les pusiera freno.

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