A mi padrino

Julio 02, 2015 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Conozco un hombre que ama con locura. Desde el pie hasta el alma, como diría Benedetti. Un hombre carismático, arrollador y galante que le sonríe a carcajadas a su enamorada y es capaz de recitar sus hazañas y costumbres, como el más curtido de sus biógrafos. Sé que la ha recorrido casi toda. Que sabe a lo que huele y lo que siente. Y que nunca, ni en la peor de sus tempestades, ha pensado en dejarla. El hombre del que hablo se llama Héctor Fabio Caicedo Del Corral. Y ella, su amada eterna, es Cali (con el permiso de su señora, sus hijas y las demás mujeres de su familia). Lo conozco desde niña, cuando por esas cosas del destino, por ser amigo de los míos, terminó oficiando como mi padrino. Y fíjense dónde va la cosa, ahora también oficia como padrino de mi hijo. Hoy quise contarles su historia porque sé que es similar a la de muchos de esos caleños que arrastran las palabras con un ritmo delicioso, que “meten toda la ficha” por sacar a los suyos adelante y que sin desconocer nuestros múltiples problemas son una especie de embajadores de la caleñidad en el mundo.‘Piracacho’ o ‘Espartaco’, como le llaman los que le conocen de siempre, creció con la muchachada del centro, en el barrio Guayaquil. Aprendió a ganarse la vida, visitando tiendas, con su maletín cargado de kilométricos, kalkitos, cuchillas, espumas y demás. Esa magia de la palabra, que a él se le da espontánea, se convirtió en su mejor carta de presentación. A pulso y con mística, durante décadas fue el mejor vendedor de la desaparecida Gillette de Colombia. Por sus resultados se ganó el boleto para asistir a cuatro mundiales de fútbol. Ya en la tranquilidad de su jubilación, pero con la vitalidad de un quinceañero, no perdona su caminata diaria, sus idas a Pance o sus circuitos por el río Cali. Devorador mañanero de El País, del cual es suscriptor de toda la vida. Sé también que con los vecinos del barrio tiene una emisora comunitaria, en la que su función es hablar de su amada eterna. Recita la bendición en latín, como lo hacía el padre Hurtado; se sabe los mitos del Cali Viejo, el palito en boca y todos los aguinaldos navideños; la historia del Honka Monka, Séptimo Cielo, El Escondite y los grilles de su época. Salsero consumado, por supuesto. Imitador de los ídolos de los 60. Hincha recontra hincha del Deportivo Cali.El pasado fin de semana apareció en mi casa con una maceta del tamaño de mi hijo de siete años, con alfeñiques tradicionales y un ringlete de colores. El año pasado y el antepasado también le llevó una, como lo hizo decenas de veces conmigo, en mi infancia, en mi adolescencia y en mi adultez… Cuánto aprecio siento por este señor, que siempre se despide diciendo: “que seas recontra, tetra, ultra feliz”. Esta columna es un pequeño homenaje para ti, Héctor Fabio Caicedo Del Corral, por lo generoso que has sido conmigo, por enseñarme con tu ejemplo a querer aún más esta ciudad. Gracias porque tú representas toda esa gente bonita que saluda, sonríe, se emociona y nos da razones de sobra para entender con orgullo porqué una y mil veces #DeCaliSeHablaBien.

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