Sin el pan y sin el queso

Sin el pan y sin el queso

Febrero 16, 2013 - 12:00 a.m. Por: Paloma Valencia Laserna

La situación económica del país no es la mejor. Las cifras muestran una contracción de la producción industrial y se anuncian recortes de personal. Varios sectores, entre ellos el manufacturero, ven cercana una crisis. Desde hace un tiempo, varios expertos manifestaron preocupación por los efectos de la enfermedad holandesa. La cantidad de dólares que produce la minería iba a generar, como sucedió, una revaluación del peso. Fuimos la moneda más revaluada de la región y entre las más altas del mundo. Los productos colombianos perdieron competitividad. El Banco Central no tomó medidas agresivas. Fue lánguido en la compra de dólares y mantuvo altas las tasas de interés. Las bajas tasas en el exterior estimularon a las empresas colombianas a tomar créditos en dólares, lo que aumentó la ya excesiva presencia de divisas en el país. El resultado previsiblemente era el que hoy tenemos. Si bien el Banco se defiende y dice que cumple con su misión de controlar la inflación, el Gobierno no tiene defensa. Bien podría haber tomado medidas, incluso reformado la ley que le impone las funciones al BanRepública para ponerla a tono con las necesidades que una economía abierta, con varios TLC en operación y otros tantos en proceso. La política cambiaría en sí misma no determina el buen ritmo de las exportaciones e importaciones pero es un elemento clave. Nuestro Gobierno consideró que no era prioritario a pesar de que países en vía de desarrollo como China, incluso economías sólidas como la de EE.UU. tienen en estricto control su tasa de cambio, y vecinos con economías similares a la nuestra como Perú, se esfuerzan por controlar las revaluaciones. Ahora, cuando la crisis es inminente, el presidente pide acciones. Tarde.Como era de esperarse el agro tampoco anda bien. Este es uno de los sectores más vulnerables al libre mercado pues en todas las naciones desarrolladas tiene subsidios que hacen nuestros productos poco competitivos. Se requerían planes, políticas consistentes que le dieran al sector facilidades para la inversión y el desarrollo. El Gobierno también falló en eso. La crisis de los cafeteros es dramática y a ello se une la de los arroceros y otros sectores agrícolas agobiados por la triangulación de productos desde los países vecinos que están llevando los precios a unos límites insostenibles. Ha habido marchas para pedirle al Gobierno que actúe y tome medidas pero las respuestas han sido escasas y esquivas.Apuntarle a una economía minera era una apuesta peligrosa. Estos eran los riesgos y como si no hubieran sido previsibles, este gobierno los desatendió. Y lo que es peor, los recursos enormes de la minería -que hoy lesionan la estabilidad económica- tampoco los hemos visto. La reforma al sistema de regalías le quitó el dinero a las regiones y apenas ahora empieza a estar disponible, intermediado por mecanismos centralistas. El Gobierno Nacional poco o nada ha ejecutado y esa incapacidad también lesiona la economía. Las obras públicas -que son un motor de desarrollo en el país- están paralizadas, lo que significa crisis en varios sectores. Y qué mala hora, el precio de las commodities ha empezado a descender. Y para cerrar el cuadro, la minería de carbón, una de nuestras principales exportaciones -la segunda después del petróleo-, está paralizada: Cerrejón con una huelga y la Drummond con una sanción. Así que además de la crisis industrial, de construcción y agraria, tenemos una crisis minera.

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