Santos no

Santos no

Marzo 09, 2013 - 12:00 a.m. Por: Paloma Valencia Laserna

Era de esperarse que el presidente Santos empezara a perder popularidad. Las encuestas lo favorecieron mientras la gente se percató de que se había apartado del proyecto político que lo eligió. Algunos aún se preguntan porque la mayoría de los colombianos no estamos satisfechos con el gobierno Santos; si según ellos mismos interpretan, este no se ha alejado de las políticas de Uribe; sólo de la persona.Santos es un mandatario impredecible; es así como sería demasiado insistir en que continúa algo. La consistencia no preocupa a este gobierno. Ataca a los cafeteros con la fuerza pública y se niega a negociar con los campesinos del café porque han recurrido a vías de hecho; pero al mismo tiempo puede negociar con las Farc, incursas en métodos violentos. Habla con fuerza contra los violentos desde el Caguán, y desde la Habana les ofrecen tramitar las reformas legales y constitucionales que sugieran al firmar la paz. Las políticas de Santos son volubles; sujetas a los vientos de la opinión a los porcentajes de las encuestas; azarosos e imprevisibles. Esa imposibilidad de anticipar sus decisiones muestra que no sigue ningún proyecto. Y si en sus acciones es indescifrable, en su discurso es peor. Nuestro Presidente tiene gran facilidad para no decir la verdad; la retuerce, la esconde e incluso miente cuando lo considera necesario. Siempre busca la ambigüedad, la manera de no tomar posiciones para quedar bien con todo el mundo. No es posible saber que piensa, hacia donde va. Santos nos devolvió al centralismo. La reforma a las regalías que desdibujó el esfuerzo por hacer a los gobiernos locales responsables de sus decisiones. Lo que es peor, es evidente su desconexión con la provincia, la manera despótica con la que se la mira. Es el viejo y conocido gobierno bogotano; que mira la periferia como un sórdido mundo inferior, cuyo mayor valor es el mero territorio, y entiende las obligaciones del Estado como generosas concesiones y regalos.Este gobierno además es insaciable: no le bastan las regalías nutridas por el buen precio de las commodities; ni el aumento del recaudo tributario. La reforma del Estado no ha mostrado su utilidad, se limitó a crear más burocracia. Le bajó impuestos a las empresas, pero se lo trasladó a las personas asalariadas. No respetó la decisión del congreso de bajar la gasolina y en un par de mes la devolvió a los precios anteriores. Todos esos recursos, inmensos, fruto del trabajo de los colombianos, se guardan sin que se ejecuten las obras. Algunos sospechan que se trata de una estrategia almacenar los recursos y utilizarlos sólo al servicio de la reelección; no lo creo. Se trata de una incapacidad de mover el Estado y de ejecutar las obras que le corresponden.Tiene este gobierno una idea de lo que debe ser y pretende imponérnosla como una verdad. Se siente con una supremacía sobre los demás; tanto así, que decidió no respetar el mandato de los electores. Sólo alguien que se siente superior a la democracia, a la gente, es capaz de reemplazar el mandado ciudadano por el propio. Se atreve el Presidente a decirnos que nuestras percepciones son erróneas; sostiene, por ejemplo, que si nos sentimos inseguros, es porque no conocemos los resultados de su gobierno. Los buenos gobiernos no necesitan de publicidad para ser aplaudidos; la buena política la deben sentir los ciudadanos en su vida. Santos es aplaudido en Venezuela, porque sus políticas se parecen más a las de Chávez que a las de Uribe.

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