No a la venta de Isagen

No a la venta de Isagen

Agosto 10, 2013 - 12:00 a.m. Por: Paloma Valencia Laserna

Vender Isagen es un error. No existe ninguna razón que justifique hacerlo; hay en cambio varias consideraciones que indican que el Estado debería mantener el control de la empresa. Soy partidaria del Estado pequeño, que se ocupe de funciones esenciales y se limite a cumplir cometidos precisos que garanticen el florecimiento del mercado privado en condiciones que permitan riqueza, prosperidad y equidad social. Sin embargo, ninguna teoría es buena en sí misma, es necesario examinar las razones que dan lugar a las prescripciones, y observar las condiciones de la realidad que se pretende intervenir.En general, las políticas de reducción del Estado surgieron en respuesta al fracaso de los Estados grandes, propensos a la corrupción y la ineficiencia. Las privatizaciones se justifican como mecanismo para evitar la dilapidación de los recursos públicos en empresas y servicios que podían ser más baratos para la sociedad si pasaban a manos privadas. Es el caso de las empresas colonizadas por un sindicalismo voraz que encarece el servicio; las ineficiencias generadas por la politización. La privatización también se justifica en la necesidad de mejorar la calidad del servicio; pues el prestado por el Estado es malo, lento, ineficiente o inadecuado. Otra razón puede ser la necesidad de recursos, y la privatización una manera de conseguirlos al instante.Ninguna de esas razones se aplica al caso: Colombia tiene un presupuesto de casi 200 billones de pesos para el año 2014, de manera que no debería haber requerimientos de más recursos. Isagen es una empresa que compite en condiciones de igualdad frente a las empresas privadas. Su personal tiene salarios razonables comparables con sus pares, y su desempeño en términos de servicio es inmejorable. Amoyá aumenta en más de 40% la capacidad instalada de Isagen. Se construyó en un contexto donde varios sectores han optado por la movilización social para impedir la construcción de las represas y rechazar la inversión de multinacionales. Amoyá es una de las pocas represas que avanzó y culminó por la dedicación y cuidado con el que se hizo; por qué no valorar ese esfuerzo, y simplemente cederlo a un privado; sin considerar el impacto que tendrá en el mercado el rezago de las otras hidroeléctricas. El próximo será un año electoral, de manera que un activo que produce $300 mil millones al año a la nación y que puede reportar casi $5 billones de contado, no debería ser negociado en medio de elecciones. La tentación de que los recursos sean succionados por la maquinaria electoral es muy alta. El negocio de la generación de energía es estratégico, la electricidad es un puntal fundamental de desarrollo y de calidad de vida. Tener control de una empresa generadora garantiza la provisión de energía en una época de crisis. Además, el suministro eléctrico de Ecuador y eventualmente, enezuela depende de Colombia. Si el Estado continúa siendo un agente activo en ese mercado es de esperar mucha tranquilidad a las relaciones bilaterales.Colombia ha visto la dificultad que supone la regulación de oligopolios y la tendencia a la cartelización de la economía; imponen la necesidad de tener agentes activos en el mercado, de manera que será más difícil lograr acuerdos y el privilegio exclusivo de la ganancia y la rentabilidad. Isagen es orgullo propio de los colombianos y nos ha servido bien; debemos mantenerla; más aún replicar su modelo en otras empresas públicas y privadas.

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