Memoria selectiva

Abril 13, 2013 - 12:00 a.m. Por: Paloma Valencia Laserna

María Elvira Samper -a quien admiro y respeto- dice que quienes criticamos el proceso de paz tenemos memoria selectiva; ella presume de una claridad retrospectiva, posible sólo cuando se juzga el proceso concluido con la distancia del tiempo.Sostiene que somos duros con el proceso de La Habana y no vemos las fallas de Ralito. La linealidad cronológica exige que el proceso con los paras se comparara con el anterior; el del M19. En ese proceso Barco y Gaviria concedieron impunidad total, nada de verdad y mucho menos algo de reparación. Los otrora guerrilleros fueron elevados a las altas dignidades del Estado. Para arreglar sus diferencias se realizó una Constituyente -con una lánguida y parca participación popular- que terminó siendo infiltrada por los dineros de Pablo Escobar para derogar la extradición. Esa era la manera como se entendía la negociación con los violentos. La justicia que se le aplicó a Pablo Escobar fue La Catedral -que tan bien conoce el Min Carrillo- donde se delinquía y era Escobar quien mandaba. Esos eran los parámetros con los que se inició Justicia y Paz.Con esos precedentes es evidente que el proceso con los ‘paras’ pretendía un cambio sustantivo, establecía unos mínimos de justicia, verdad y reparación. Claro que había cesiones, pero en sí constituían un gran avance frente a lo que había vivido el país. Si Ralito se comparaba con el del M19, La Habana tiene que medirse con Ralito; frente al cual hay severos retrocesos: Uribe tenía las mayorías en el Congreso para aprobarlo como quería, sin embargo escuchó la crítica frente a la Ley de Justicia y Paz y el proyecto se transformó y mejoró. El Marco para la Paz, no atendió ninguna de las sugerencias de los opositores, que fueron tildados de enemigos de la paz. Recordará el país que ese Marco se aprobó el mismo día en que los beneficiarios -las Farc- intentaron eliminar a Fernando Londoño, líder de la crítica. El Presidente incitó a que se hiciera así sin esperar siquiera a que se enfriaran los dos escoltas muertos. Justicia y Paz tuvo muchas fallas que dieron lugar a que los ‘paras’ no fueran sancionados como se establecía; pero el nuevo Marco no corrigió los errores, ni mejoró los mecanismos; se limitó a consagrar la impunidad total. Y lo que es más grave; aún falta la negociación, que se iniciará con esa exagerada oferta del Gobierno. En los tiempos de Uribe, las instituciones democráticas enfrentaron el debate de Justicia y Paz, del lado de la justicia, la verdad y la reparación -como debe ser. Hoy vemos un espectáculo peculiar: el Presidente de la Corte Suprema de Justicia anuncia que la Justicia no puede ser obstáculo para la paz. El Fiscal General dice que prefiere ver a los guerrilleros en el Congreso y agrega que pueden hacer política porque no tienen condenas por delitos de lesa humanidad. Confunde la negligencia de la Fiscalía y la jurisdicción para condenar los actos de las Farc, con la ausencia de ese tipo de crímenes. Aquello exige que alguien asuma la defensa de los valores justos; pues el equilibrio de los poderes parece estar fallando. La Paz puede justificar muchos medios. El Gobierno anuncia la Paz y ofrece concesiones como si las Farc fueran capaces de otorgarla. Sin embargo, sabemos que terminada la negociación habrá suficiente violencia para no sentirnos en paz. Comprar la franquicia ‘Farc’ -el mero nombre- es un avance importante, pero no es la paz. El debate es cuánta justicia, cuánta verdad, cuánta reparación vamos a ceder a cambio de ese nombre. El límite es que las concesiones no sean incentivos para la violencia; que no den el mensaje a los otros grupos armados de que la violencia es un vehículo para la política, y que hay gobiernos laxos que les permitirán obtener beneficios para cesar su violencia.

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