Lugares comunes

Lugares comunes

Junio 22, 2013 - 12:00 a.m. Por: Paloma Valencia Laserna

Los terrible de los lugares comunes es que son repetidos tantas veces que empiezan a parecerse a la verdad. Dejamos de reflexionar sobre la coherencia de las premisas, y menos aún pensamos en las consecuencias de lo aseverado.Las discusiones sobre el proceso de La Habana dejan por fuera los asuntos de fondo, para repetir sin pudor un discurso de lugares comunes mentirosos, imprecisos y sobretodo irresponsables. Se habla de proceso de paz y ese nombre en mucho excede la negociación con un grupo narcoterrorista. Si se firman los acuerdos NO habrá paz; habrá -tal vez- una reducción de la violencia, pero no será suficiente para que nos consideremos en paz. No solo por la dificultades que supone el postconflicto, donde se dan los incumplimientos, que serán frecuentes con las Farc -patológicamente mentirosas y que han dado tantas muestras de que no son confiables- sino también porque muchos militantes optarán por tener sus propios grupos o afiliarse a otros. Más aún, porque existen las bacrim. El gobierno insiste en que son delincuentes comunes, cuyo control será más fácil. Esto significa que no han podido controlar a las bacrim porque están las Farc, y que una vez aquellas desaparezcan la guerra se concentrará solo en las bandas criminales. Sin embargo, dejan por fuera la consideración de que esos delincuentes pasarán a ser dueños del narcotráfico y los negocios ilegales hoy en manos de las Farc. Esos recursos los convertirán muy pronto en grupos mucho más poderosos, y en unos 50 años, según las previsiones el Estado volverá a pactar la impunidad con ellos.Dicen que quienes no le apostamos a los diálogos para la impunidad y representación política de los terroristas somos guerreristas que pretendemos el imposible de la aniquilación total. No es cierto. Esta negociación se da porque las Farc estaban debilitadas, constataron que por las armas no se tomarían el poder. El ejercicio de la fuerza del Estado es esencial al Estado. No se puede pensar en una sociedad que no haya utilizado la fuerza para mantener el respeto por la ley. ¿Dónde, en qué país del mundo, se puede violar la ley y pretender que el Estado no actúe? Esa es la noción misma de la inoperancia estatal y la impunidad. Los colombianos siempre encontramos excusas para violar la ley; siempre hay un discurso que lo justifica. Mientras el país no tome la decisión de cumplir la ley, y castigar a quien la infrinja, no logrará establecer un Estado de derecho. Sostiene que las Farc son un grupo insurgente. Las Farc no surgieron de la protesta social; por eso nunca han gozado de respaldo entre la sociedad colombiana. La mayoría eran los reductos asesinos de la guerrilla liberal, y como no tenían intereses políticos sino criminales, sin dificultad se cambiaron de ideología y aprovecharon el momento político internacional para recibir dineros de Cuba y seguir delinquiendo con un nuevo nombre. Si bien algunos tuvieron reivindicaciones sociales, durante los años 80 optaron por el narcotráfico y se volvieron terroristas descarados y brutales. Esos dos comportamientos aniquilaron cualquier viso de lucha insurgente.Se ha vuelto usual que digan que todos los beneficios que exige la Farc y todas las concesiones que ya ha hecho este gobierno son necesarias, pues los narcoterroristas no fueron derrotados. Se les olvida reconocer que las Farc venían en un franco retroceso. Además el país entero está de este lado, y tan solo 8 mil (?) guerrilleros están de ese lado. Lo que es más importante, las Farc no ganaron, ni nos derrotaron; no tienen por qué ser dueños del poder.

VER COMENTARIOS
Columnistas