Falta de sintonía

Septiembre 07, 2013 - 12:00 a.m. Por: Paloma Valencia Laserna

Santos gobierna para la historia; no le importan las coyunturas diarias del país pues busca consolidar su lugar en el panorama nacional. Para hacerlo era menester superar a Uribe, y su equipo de asesores debió concluir que solo la paz podría ser el hito histórico que lo inscribiera con letras de molde en los libros. El cálculo tiene falencias que no se consideraron. La obsesión colombiana por la paz ha sido larga y dolorosa. La hemos perseguido y todos los gobiernos se han propuesto negociar e integrar fuerzas esquivas y violentas. Sin embargo, el paraíso está en la otra esquina. La paz se desplaza siempre unos centímetros más allá, visible, promisoria, pero inalcanzable. Es la trampa que marca el trascurrir de los días nacionales. A veces parece que la Nación hubiera empezado a constatar que la paz no se consigue con fórmulas de apaciguamiento y cesión; como se ha hecho durante la mayor parte de los gobiernos. Uribe significó un cambio de políticas, que demostró que la paz requiere consistencia en el gobierno y coherencia en la aplicación de la ley. El gobierno de Santos optó por un proceso de negociación con muchas fallas: que las Farc transarían fácilmente “en meses”, desconoció la historia de 40 años de dilaciones y trampas. Avaló la impunidad, fórmula que ya usó Colombia sin que ello significara la paz. Reabrió las puertas a la representación política, a pesar de que el país ya había cambiado su postura y no acepta que la violencia sea un medio para acceder a la política. Negoció la política agraria con los victimarios, y los campesinos se vieron obligados a paralizar el país. Un gobierno que ingenuamente considera que unas Farc violentas, soberbias y sin actitud de reconciliación, se convertirán en un actor político pacífico y democrático con la magia de una firma.Este gobierno centró todos sus esfuerzos en una negociación sobre la cual los colombianos son escépticos y exigentes; dejó de ver los otros problemas. Las encuestas muestran el deseo de un diálogo con justicia, entrega de armas, y sin representación política, y creciente preocupación por otros temas. Los problemas y la opinión galopan por un lado, y el gobierno por otro, dando noticias de avances de La Habana que ya poco impactan. Los afanes de la reelección y la falta de gobernabilidad le han dado tintes de ansiedad a las negociaciones. El gobierno débil ante la Nación está debilitado en La Habana. Precipitan noticias y procesos por fuera de los ritmos, acomodando la ley y debilitan la figura del referendo para poder ganarlo. Tildan de enemigos de la paz a quienes son críticos del proceso en La Habana y jamás de la paz.Para superar las angustias ha buscando respaldo en la desfigurada prestancia del expresidente Samper -perseguido por 8000 elefantes debiera estar refugiado en su cuartel de invierno.Santos puede ser la puerta de entrada del castro-chavismo, no porque lo pretenda, sino porque puede ser uno de los resultados de su debilitamiento. Las Farc han estado en armas más de 50 años dedicadas al narcotráfico y el terrorismo, y no, como se pretende ahora, en la búsqueda del bienestar social. Su entrada a la democracia legitimará la combinación de todas las formas de lucha y será una herida a nuestra democracia. El gran fracaso del establecimiento -que Santos representa- puede precipitar la elección de esas fuerzas que llegan al poder por las urnas, y con él restringen derechos, libertades y la democracia misma.

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