¿El poder para qué?

¿El poder para qué?

Abril 06, 2013 - 12:00 a.m. Por: Paloma Valencia Laserna

El chavismo debe ganar en Venezuela; la inminencia de la crisis que se avecina exige que sea ese movimiento político el que reciba las consecuencias de su pésima administración. Cuando hace un tiempo se dijo que perder también era ganar, la frase me pareció risible. Ahora comprendo que a veces perder es ganar; a veces es mejor perder; sobre todo en política.Muchos entienden la política como la batalla por el poder. Es una definición insuficiente y nociva. Si lo más importante en un proyecto político es el poder, los procesos para mantenerlo han de ocupar todo el tiempo disponible. Conocemos políticos cuya gestión se reduce en buscar su reelección. La elección es un procedimiento formal que no debería ser lo central para el político.La política es el ejercicio del poder para la búsqueda del bienestar social; unas veces las discusiones versan sobre la definición de ese bienestar, pero la mayoría de las veces estamos de acuerdo en lo que es deseable y discutimos sobre las fórmulas y los caminos idóneos para alcanzarlo. En la política lo significativo es para qué se quiere el poder. Sucede algunas veces que para el futuro nacional, para la prosperidad de cierta ideología o la muerte definitiva de otra es mejor perder. Es el caso de Venezuela, donde están a punto de concretarse las consecuencias de la política dilapidadora e insostenible del chavismo. La crisis será inevitable.Bajo Chávez la dependencia de la economía venezolana al petróleo creció tanto que hoy es el único producto de exportación. Aquello contrasta con la pésima administración de esa industria. En los últimos 15 años la producción bajo casi una tercera parte; pasó de 3,6 millones de barriles diarios (mbd) en los años 90 a 2,4 mbd. Las exportaciones cayeron de 3,2 mbd a 1,8 mbd.Aquellas exportaciones deberían producir algo más de 93 mil millones de dólares, pero al país solo llega la mitad. Por la gestión ‘generosa’ de Chávez, 250 mil barriles diarios van a Centroamérica a cambio de bienes y servicios. Cuba recibe 100 mil barriles y manda unos pseudomédicos a Venezuela; utiliza 50 mil en su consumo interno y se dice que vende en el mercado de Londres la otra mitad. 400 mil barriles van a China como pago a las exorbitantes deudas que adquirió Chávez. Por estas políticas las divisas escasearon y su precio subió, encareciendo así todos los productos que consumen los venezolanos -que en su mayoría son importados. Para evitar el fenómeno inflacionario, desde 2003 hay un régimen de control de cambios, es decir el Estado es el único con potestad para hacer transacciones cambiarias y el encargado de adjudicar los cupos de divisas. El futuro de Venezuela es evidente: la falsa tasa cambiaria obligará a una tremenda revaluación del bolívar; lo que generará una inflación insufrible y mucha pobreza. Los gastos estatales sobrepasan en mucho los ingresos y se produce un enorme déficit. La violencia se ha convertido en una realidad; cinco ciudades venezolanas están entre las 50 más violentas del mundo; y Caracas ocupa un vergonzoso tercer lugar. Una parte del pueblo venezolano todavía cree en el chavismo, y si Capriles gana, tendrá la crisis y no podrá hacer nada para contenerla. El chavismo lo culpará del resultado y quedará lavado de sus pecados. En cambio, si Maduro continúa tendrá que asumir las consecuencias de la pésima administración de Chávez y esa doctrina será sepultada para siempre, para el bien de Venezuela y de los vecinos.

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