¿Diálogos para la paz?

¿Diálogos para la paz?

Febrero 12, 2011 - 12:00 a.m. Por: Paloma Valencia Laserna

Se dice que las liberaciones de los secuestrados son un gesto de paz que nos acerca a una salida negociada del conflicto armado. Como ciudadanos no podemos más que celebrar jubilosos la libertad de quienes han sido convertidos en mártires de las causas democráticas. Ello no disminuye la atrocidad que ha significado haberles arrebatado su libertad y convertido en mercancías para extorsionar al Estado. Un diálogo con las Farc no puede olvidar esto; tampoco los constantes bombardeos a pueblos, desplazamientos y asesinatos de tantos colombianos.Colombia ha vivido varias negociaciones en los últimos años y no puede desconocer las lecciones. El perdón y olvido que se le otorgó al M-19 tuvo efectos sobre la percepción de gravedad que los colombianos le dan al hecho de ejercer violencia. La Constitución de 1991 dio la triste conclusión de que la violencia puede ser un camino hacia la política. Por eso no sorprende que ‘Ernesto Báez’ en entrevista de ‘Un Pasquín’ declare que el número de reinsertados supera de lejos el número de militantes de las autodefensas. Muchos se dijeron ‘paras’ para recibir el auxilio de $354.000 que ofrecía el Gobierno y hacer parte de los programas. Ello es síntoma de una inmensa pobreza y de que hacer parte de los violentos tiene pocas connotaciones negativas en las psiquis colombianas. Por un salario mínimo somos capaces de hacernos pasar por asesinos, porque ser asesino en este país no es tan malo.De la zona de distensión en el Caguán aprendimos que las Farc son hipócritas y dobles. Mientras negociaban con el Gobierno aprovechaban las ventajas para fortalecer su ejército, secuestrar y extorsionar. Ello no ha cambiado, mientras distraen al país y a la comunidad internacional en las liberaciones, las Farc mantienen a muchos cautivos y continúan secuestrando, extorsionando, sembrando minas y asesinando.Las lecciones de la negociación de Justicia y Paz con los ‘paras’ son muy poderosas. Los procesos no pueden ser sólo del Estado, pues cuando la sociedad no está lista para afrontarlos es capaz de destruirlos. Pese a que el Estado logró sorpresivamente negociar con un grupo alzado en armas y militarmente victorioso la cesación de la guerra, el sometimiento a la justicia con verdad y reparación; parte de la sociedad estuvo en desacuerdo y consideró que los beneficios obtenidos eran excesivos. La presión de la oposición y la falta de que la sociedad actuara con sincronización le dieron inestabilidad al proceso; el Estado incumplió compromisos, los ‘paras’ también. La decisión de la Corte de que las audiencias no fueran transmitidas por televisión anuló el efecto de las confesiones y dejó uno de los momentos más intensos de la historia actual sin visibilidad pública.Las creciente tendencia a encuadrar la violencia actual como un fenómeno causado principalmente por las Bandas Criminales -Bacrim- puede ser una estrategia para relajar la relación con las Farc y empezar a minimizar ante el país los costos de un diálogo con esos terroristas. Aquello recuerda las experiencias centroamericanas donde luego de los diálogos los actores de la violencia simplemente cambiaron de nombre.El problema en Colombia es que los violentos no han comprendido la gravedad de ejercer violencia por fuera del aparato estatal, y la sociedad sigue siendo tolerante y termina siempre por exculparlos. Por eso, además del diálogo con las Farc, ya se habla de la negociación con las Bacrim.

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