De Santos, con amor

De Santos, con amor

Junio 09, 2012 - 12:00 a.m. Por: Paloma Valencia Laserna

La crisis económica en Europa ha dejado claro que los Estados de Bienestar están llamados a fracasar. Pese a lo conveniente que resultaría que el Estado sea capaz de proveer todas aquellas prebendas sociales a las que aspiramos, la economía de las naciones impone límites. Romperlos es fácil, pero las consecuencias son implacables.Eso, precisamente, fue lo que le recordó Santos a los europeos cuando estuvo de viaje por Turquía: hay que ajustarse el cinturón para poder manejar bien la hacienda pública. Sin embargo, esos son consejos que da, pero no aplica.Nuestro país está precipitado a las políticas del regalo y las concesiones. Aquello facilita el arte de gobernar: todo cuanto sería conveniente tener se concede. Lo que no se le dice a la sociedad es que ésta manera prolífica de dar, pasará en el mediano plazo una cuenta de cobro que no podremos pagar. La lista, apenas parcial de los regalos, se inicia con la llamada Ley de Víctimas donde cada una tendrá derecho a una indemnización de máximo $20 millones; en las parcas cuentas del Gobierno vale $54,9 billones. Las 100 mil viviendas con un costo de $3,7 billones más $500 mil millones adicionales para costos financieros. $1,4 billones para subsidiar las tasas de interés de las viviendas para los más pobres. Un billón más para subsidiar las tasas de interés de los créditos del Icetex para los estudiantes de estratos 1, 2 y 3. Una suma todavía indeterminada, pero cuyos cálculos de inician en $1,8 billones para atender tan sólo al primer grupo de adictos a las drogas que lo constituyen unas 300 mil personas. Hay un regalo más, también de valor por establecerse, otorgado por el Ministerio del Trabajo que descentralizó y avaló las negociaciones con el sindicalismo estatal. Revirtió así, de un solo golpe, el esfuerzo del Gobierno anterior, que encontró la tragedia de que las empresas estatales y muchos otros organismos del sector público estaban quebrados por los malos manejos que se había dado a las negociaciones con los sindicatos (donde cada gerente -con visión de corto plazo- otorgaba beneficios ilimitados y sin consideraciones fiscales para garantizar que su gestión no fuera torpedeada por el sindicato o los trabajadores).No vamos a discutir la pertenencia de estos regalos, pues es evidente que siempre será mejor lo más que lo menos. El debate no es si son o no deseables; la pregunta gira en torno a la manera como vamos a poder costearlos. Hay restricciones presupuestales que no pueden desconocerse, pues a pesar de que podamos recurrir a créditos, conceder derechos cuya financiación se extiende en el tiempo, al final vamos a tener que pagarlos. Cuando el Estado otorga estos regalos el inmediato beneficiario es el gobernante de turno que los otorga, goza de popularidad entre las masas que se sienten conmovidas por su generosidad. Sin embargo estos regalos no los paga -ni mucho menos- el mandatario sino el agregado de la sociedad. Cada uno de nosotros tendrá que aportar en mayor o menor medida para pagar estas concesiones. Es preocupante que semejante andanada de beneficios se otorgue ad portas de una crisis económica global. Nuestra floreciente pero frágil economía no será inmune al movimiento global. Nuestros ingresos engordados por los precios del petróleo empiezan a verse disminuidos por el precio del mercado. Ya comienzan a notarse signos no muy alentadores en la economía; las exportaciones disminuyen, la construcción decae y el precio de los comodities está en picada mientras nuestra moneda sigue siendo la más revaluada en el mundo.

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