Crece la oposición

Marzo 23, 2013 - 12:00 a.m. Por: Paloma Valencia Laserna

El Polo y el uribismo apoyaron la protesta de los cafeteros; los primeros consistentes con su posición adversa a los tratados de libre comercio, y los uribistas como crítica a una política macroeconómica insensible que ha permitido la excesiva revaluación del peso y la correlativa pérdida de la competitividad de los productos colombianos.La crítica al gobierno crece también en torno al proceso de paz. El expresidente Pastrana ha señalado su preocupación, pues el proceso se adelanta de espaldas al país y con la presión de la reelección. Se trata de observaciones importantes que demuestran que los señalamientos que ha venido haciendo el uribismo no se deben solo a una desavenencia política -como pretenden hacerlo ver algunos santistas- sino de cuestiones de fondo.Señala Pastrana que la presión que impone la reelección al ahora presidente-candidato Santos es inconveniente para el proceso. Santos confía en firmar antes de noviembre para presentar ese acuerdo como el resultado de su gobierno y aspirar así a la reelección. Eso lo sabemos todos, lo saben las Farc y sabrán ellos, también, aprovechar la coyuntura para exprimir de ella más y mejores beneficios. El deseo de concluir puede precipitar acuerdos y concesiones por parte del gobierno. Cederle a las Farc es muy costoso para la sociedad; una negociación mal hecha, demasiado generosa, daña la institucionalidad, debilita la ley y el Estado e incentiva el crimen. Además la injusticia de que unos narcoterroristas alcancen la impunidad y además la representación política, puede ser un terrible precedente para Colombia. El Mandatario conservador pidió caguanizar el proceso; pues muchos solo recuerdan los aspectos negativos de tal proceso. Pero hay que reconocerle al proceso anterior algunas ventajas frente al de La Habana. En el Caguán la sociedad colombiana sabía lo que estaba pasando; había participación e información. Dicen que esa pluralidad de voces e intereses impedía el avance de la negociación, y que en muchos explica su fracaso. Se dice, ilusoriamente, que el proceso de La Habana ha sido ágil y fluido. Como lo señala Juan Manuel Charry, el proceso de La Habana se inició en agosto de 2012, lleva más de 10 rondas, más de 65 encuentros y aún no evacúan el primero de los cinco puntos. Y a esto habría que sumarle toda la negociación que se hizo en la sombra, sin que el país supiera. Así que pese a la unanimidad, a los pocos negociadores, tampoco es fácil el acuerdo. Más aún, cabe preguntarse si una negociación hecha por unos pocos puede imponérsele al resto de los colombianos.Pastrana hizo un intento de paz serio que cumplía con la voluntad de sus electores quienes votaron para que el entonces mandatario intentara una salida negociada del conflicto. Santos, en cambio, fue elegido por quienes creían en Uribe; como una refrendación a las políticas uribistas que había cerrado la posibilidad de que los violentos aspiraran a negociaciones para obtener beneficios; se les ofrecía dialogo solo para discutir rebajas de penas y condiciones de reinserción con la condición de verdad, justicia y reparación. Se entienden entonces que Santos adelanta un proceso con poca legitimidad. Es un Gobierno que optó por un tipo de negociación que no apoyaba la democracia; es un motivo más de debilidad de quienes están en la mesa representándonos.

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