Bancos y desarrollo

Bancos y desarrollo

Enero 15, 2011 - 12:00 a.m. Por: Paloma Valencia Laserna

El problema de la falta de bancarización en Colombia tiene raíces históricas que afectan, pero hay un sistema que no responde a las necesidades ni le da a su función la mirada social que le corresponde.En las naciones católicas tenemos una resistencia a los negocios que se nutren del manejo de capitales, basta recordar que durante la Edad Media cobrar intereses estaba prohibido y era pecado; de ahí surgieron los límites de la usura. Los bancos en Colombia tampoco cuentan con la devoción de las masas, que los consideran abusivos. La gente se queja del mal servicio, de los excesivos cobros, de la falta de créditos para el sector real y de las excesivas ganancias que obtienen en cada ejercicio que no corresponden a la calidad ni a la función que cumplen. El Ministro de Hacienda dijo que los abusos deben ser corregidos e insistió en la necesidad de que los servicios bancarios tengan topes. La discusión en torno a cuál es el valor exacto de sus cobros no es relevante, Echeverri está muy en lo cierto; los bancos en Colombia cobran excesivamente: por servicios muy simples como pagar los servicios públicos o consultar los saldos por Internet o por teléfono. La norma establece que al menos debe haber un mecanismo para pagar y retirar dinero que sea completamente gratis; hábilmente aquella alternativa es la de ir hasta la sucursal, donde el servicio es pésimo e implica una pérdida de tiempo superior a lo que cobran. Lo cierto es que a los colombianos no les gusta el servicio que reciben: en noviembre las quejas contra los bancos crecieron el 24% y paralelamente la banca obtuvo entre enero y octubre de 2010 utilidades por $7,86 billones. Si bien, la Superintendencia Financiera -que absorbió la Bancaria- cumple con algunas funciones, como son las de vigilar y recibir los reportes de los bancos para evaluar su comportamiento, la entidad ha sido incapaz de regular de manera seria y consistente el mercado bancario. Para muchos, éste se comporta como un oligopolio, donde hay tan pocos proveedores, que tienen el poder para abusar de su posición dominante. Es prioritario tener una regulación que tome en cuenta esta estructura y que reduzca su capacidad de extraer del mercado más de lo que corresponde. Seguimos con una taza de intermediación entre las más altas del mundo y un pésimo servicio.Por supuesto que la banca es un negocio que debe ser manejado con cuidado pues se arriesga el ahorro de los colombianos, pero es también una necesidad de la sociedad moderna. Tan sólo el 30% de los colombianos -14 millones- tiene acceso a ella. Mientras grandes fracciones de la sociedad sigan excluidas no será posible construir una economía formal, grandes cantidades de dinero quedan por fuera del sistema. Ello recorta la posibilidad de internacionalizar muchos negocios, imposibilita el control de la tributación y deja por fuera del crédito a ese 70% de la población. Ese ahorro de los más pobres queda a merced de estructuras ilegales como las pirámides, los préstamos de usura, los captadores ilegales que terminan por robarse el esfuerzo ya hecho. Lo peor es que la falta de crédito no contribuye a la solución del problema de vivienda y quienes más lo necesitan siguen sin acceso. Las iniciativas del banco de los pobres para los microcréditos son necesarios, pero la banca nacional tiene que mejorar servicios y tarifas sin lo cual la economía nacional no será competitiva.

VER COMENTARIOS
Columnistas