Y el Papa, ¿para qué?

Y el Papa, ¿para qué?

Septiembre 07, 2017 - 11:45 p.m. Por: Ossiel Villada

Vendedores y compradores de humo. Los colombianos somos un pueblo amante de lo efímero. Vivimos en función de lo urgente y prestamos poca atención a lo importante. Abrazamos la emoción y desdeñamos la reflexión. Este es, en gran medida, el país de la ‘selfie’, del discurso, de la pose, de la foto, el video, la chicanería. Por eso vale la pena hacernos esa pregunta hoy, cuando andamos en trance de súbita religiosidad, emocionados hasta las lágrimas con la visita del Papa.

No me mal interpreten. Yo también estoy feliz con la llegada de Francisco. Aunque no vino a Cali, me parece imposible sustraerse incluso a la energía de su presencia televisada. A su rostro de abuelo buena gente, a su desdén por el lujo, a su mirada resignada frente a tanta corbata y tanto protocolo, a su voz cansada y su mensaje sincero.

Y tengo bien claro que una cosa es Francisco y otra cosa es la Iglesia Católica. Y aunque Francisco sea el máximo jerarca de una iglesia a la que se le pueden cuestionar mil cosas, no se puede negar que él es un líder espiritual de enorme estatura. Y si algo necesita este país mezquino es gente que lo reconcilie con su dimensión espiritual.

Por todo eso es que me pregunto en qué estará Colombia la próxima semana, cuando Francisco ya se encuentre en Roma y su visita no sea más que otra página de los libros de historia.

Él ya está haciendo lo que le corresponde: transmitirnos toda la luz, el amor y la buena energía que un hombre puede entregarle a sus hermanos. Pero, ¿y nosotros? ¿Cómo va a cambiar este país que ahora hace una fiesta en la calle y en el Facebook con la visita del Papa?

Me pregunto, por ejemplo, si todos esos políticos cercanos al Gobierno que han posado en la transmisión oficial con cara de monaguillos impolutos seguirán como si nada, pensando que lo que importa en esta vida es conseguir votos y robarse la plata de todos, especialmente de los pobres que tanto defiende Francisco, a como dé lugar.

Y me pregunto si esos otros políticos de la oposición que se pararon en una calle a pedir bendiciones con pancarta y todo -piel de oveja cubriendo astutamente las garras de lobo- seguirán enceguecidos con la idea de recuperar el poder manteniendo viva la llama del odio y apagando cualquier posibilidad de reconciliación en esta sociedad.

¿Será que los señores que acaban de soltar el fusil entienden que no se pueden seguir burlando de sus víctimas, y que el arrepentimiento del que habla Francisco debe ir de la mano con acciones efectivas de reparación para ellas?

Y los dueños de la Justicia en este país que produce tantos abogados como arepas, ¿será que siguen pensando que a la aplicación de la Ley hay que ponerle precio para vendérsela al más corrupto?

Me inquieta pensar si los dueños del capital, a la hora de definir salarios y condiciones de sus trabajadores, recordarán el mensaje del Papa sobre la necesidad de apostar por un país más equitativo y justo.

A Francisco le bastó un mensaje improvisado de 30 segundos, poco después de bajarse del avión, para recordarnos el mayor reto que tenemos hoy: “No se dejen vencer, no se dejen engañar, no pierdan la alegría, no pierdan la esperanza”.

No se ustedes, pero yo sí pienso tomar esa como la tarea personal que me deja el Papa. Pienso defender la esperanza y la alegría. Contra todos y contra todos. Con amor y con optimismo.

Porque en los próximos meses este país estará lleno de profetas que por buscar un voto nos vaticinarán que vamos hacia el infierno. Gente que buscará otra vez engañarnos y despertar nuestros mayores miedos. Nos dirán que este país no avanza, que no hay futuro, que es preciso regresar al pantano del que estamos saliendo.

Y cuando eso pase estaré ahí para defender, con pasión y con razón, el mensaje del buen Francisco.

(... Y de fondo, dedicada para el Papa Francisco y todos los que defienden su mensaje, esta letra de Mario Benedetti musicalizada por el gran Joan Manuel Serrat. 'Defender la alegría' - 1985)

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