Sinatra y la Feria de Cali

Sinatra y la Feria de Cali

Abril 20, 2017 - 11:55 p.m. Por: Ossiel Villada


Para los que no podemos explicar la vida sin oír discos viejos, este es uno de los grandes misterios de la humanidad. Con absoluta rigurosidad y admirable juicio hemos desperdiciado largas horas del breve tiempo que Dios nos prestó, y unas cuantas botellas de Whisky para hacer más llevadero el trance, meditando sobre una trascendental pregunta: ¿Por qué el color naranja hacía que Frank Sinatra cantara cada vez mejor?

Escritores, poetas, músicos, filósofos y otras cuantas gentes peligrosas para este mundo robotizado le han dedicado noches enteras al asunto, pero nadie hasta hoy ha podido dar una respuesta satisfactoria. Ni siquiera el psiquiatra de Sinatra. 

Lo cierto es que, a pesar de los años y los desengaños, 'La Voz' cantaba siempre mejor. Y el único elemento común a ese derroche de talento era el naranja.

Sinatra lo usaba en todo. En el sutil pañuelo de su chaqueta y en los estrambóticos carros que compraba; en el reloj, el sueter, la corbata y en los misteriosos cuadros abstractos que pintaba. "El naranja es el color más feliz", dijo una vez en una entrevista. Y él, más que un cantante, era un hombre especializado en ser feliz.

Todo el asunto no tenía más fondo que este misterio romántico, hasta cuando alguien dijo que Sinatra era la prueba fehaciente de que el naranja era el color de la creatividad.  Y entonces, el asunto llegó a las manos de un racional economista. Y a este se le ocurrió que, 'Ceteris Paribus', el naranja era buena excusa para hacer plata.

No estaba equivocado. En el año 2013 el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, adoptó y lanzó mundialmente el término 'Economía Naranja' para referirse al universo de actividades que permiten generar riqueza sin el uso de commodities, tierras ni maquinarias; es decir, todo el valor agregado que se genera a partir de creatividad, ideas, intelecto puro.

Vista así, entonces, la economía naranja es un silencioso monstruo que, según cifras del Banco Mundial, mueve cada año 4,3 billones (miles de millones) de dólares en el planeta. Y en Colombia, con cifras de hace cinco años (porque no hay más actuales) se estima que mueve unos $22 billones anualmente.

En ella caben cosas tan diversas como Netflix, Delirio, las telenovelas de Caracol, la música del Grupo Niche, la gastronomía de doña Maura de Caldas o la Feria de Cali. 

Y toda esta divagación me viene a la cabeza porque es justamente en nuestra ciudad donde se acaba de marcar un hito histórico para la economía naranja en Colombia. Nunca antes se había medido el impacto económico real de una fiesta popular. Pero un estudio desarrollado por los profesores Luis Fernando Aguado y Alexei Arbona, dos Ph.D. de la Universidad Javeriana, acaba de estimarlo para la Feria de Cali. Y los resultados son realmente sorprendentes.

Ese evento, que muchos ven solo como una fiesta desenfrenada y loca, logra mover negocios por $267.749 millones en el aparato productivo local. Seis días de rumba generan un movimiento económico equivalente a medio punto del PIB del Valle del Cauca.

Ese estudio cobra una enorme relevancia hoy. Por un lado, nos muestra por qué Cali debería apostar seriamente por hacer ya de la economía naranja un motor de desarrollo.

Aquí siempre se ha dicho, más como discurso de campaña, que la Salsa representa una oportunidad de redención económica y social para miles de jóvenes marginados. Pero, salvo lo que han hecho con las uñas los directores de las escuelas de bailarines y un par de empresarios privados, nadie ha movido un dedo, con convicción y método, para convertir esa idea en una realidad.

Es hora de hacerlo. Y no solo con el baile de la Salsa, sino también con el teatro, el cine, la literatura, el diseño o la música. No hay una ciudad hoy en Colombia con más talentos en todos esos campos, que Cali.

Pero más allá de eso, el estudio genera una reflexión profunda en momentos en que en este país existe una enorme presión de gente interesada en decirnos que la única ruta para el desarrollo de Colombia es el salvaje modelo extractivo de la minería. Ese que acaba con ríos, paisajes, aire y fauna, a cambio de unas regalías administradas por políticos especializados en robárselas.

Y vale la pena pensarlo. Tal vez no necesitamos acabar con nuestros recursos naturales para progresar. Tal vez alguien quiere que no veamos la riqueza que hay en nuestro enorme potencial creativo. Tal vez, Sinatra tenía toda la razón al amar el color naranja.

(... Y al fondo, vestido de blanco y naranja, Sinatra canta la melodía de 'Nice and Easy')

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