El país del Cambalache

El país del Cambalache

Mayo 31, 2018 - 11:40 p.m. Por: Ossiel Villada

“Qué falta de respeto, qué atropello a la razón. Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón…”.

No existe una letra más adecuada para describir lo que pasa hoy en Colombia, que la de ese tango burlón escrito por el gran poeta Enrique Santos Discépolo. Veamos.

1. Iván Duque, la revelación de la derecha, pasó de la noche a la mañana de ser un joven candidato de opinión con una promesa de transformación radical, a ser el candidato de la vieja clase política.

Aunque quiera mantener la frescura de su discurso, el espejo no miente. Junto a él ya no solo aparecen los entusiastas uribistas de raza que lo rodearon siempre. En la foto también hay ahora una enorme fauna de criaturas indeseables y oportunistas que él venía señalando con dedo acusador.

Están allí, aparte de algunos dinosaurios de la política, los principales promotores y beneficiarios de la ‘mermelada’; los grandes exponentes del clientelismo; los dueños del voto de maquinaria y los amigos cercanos de muchas figuras salpicadas por Odebrecht, la ‘parapolítica’ y otros maravillosos escándalos de corrupción. Lo más simpático es que Duque promovió durante la campaña el rechazo al continuismo de Juan Manuel Santos, pero ahora tiene al apoyo de todos los adalides del continuismo.

2. Gustavo Petro, la revelación de la izquierda, da una feroz batalla contra los fantasmas que él mismo azuzó para llegar a la segunda vuelta. De la noche a la mañana, pasó de ser un admirador del modelo de Chávez, a ser el primero que alertó sobre el peligro que Chávez representaba para Venezuela.

La realidad es que en este país el antipetrismo es tan grande como el antiuribismo. Salvo por la firme y alegre serenidad de su candidata a la Vicepresidencia, en el proyecto petrista abundan la histeria, las descalificaciones a quienes piensan distinto, el alegato. Todo eso que aleja a quienes podrían darles una mano en segunda vuelta.

Y a eso se le suma que la izquierda ha ratificado, con una actuación de lujo, su natural tendencia a la división. Dentro de ella hay egos más grandes que su misma sombra. Y heridas del pasado que no se borran con maquillaje.

3. Mientras miles de colombianos se insultan en las redes sociales, los políticos han demostrado una vez más que conocen y aplican perfectamente la frase de don Vito Corleone: “No es nada personal, son solo negocios”. Aquí todo el mundo se traiciona. Para la muestra el botón del Partido Liberal, vendido a última hora por un plato de lentejas. Y el del Conservador, experto ya en ofrecerse al mejor postor.

Los famosos ‘acuerdos programáticos’ que tanto se cacarean por estos días no son más que empaques perfumados en los que se guardan las mismas prácticas putrefactas del pasado: repartirse el país, los puestos, el presupuesto, el poder.

4. La anhelada Paz, que enamoró a unos y envenenó a otros, está hoy en la cuerda floja. Fue solo un sueño. La idea de que quede hecha trizas es una posibilidad real. Cada vez es más incierto si lo pactado se va a cumplir. Y muchos desmovilizados empiezan a considerar la posibilidad de volver al monte. Así que disfruten la ida a la finca... mientras puedan.

5. Cinco millones de almas ‘tibias’ que no creen en el caudillismo y el mesianismo vagan hoy sin rumbo entre la confusión y la angustia. Y son señaladas injustamente desde los extremos como culpables de la tragedia nacional. Algunas sepultarán sus sueños en la abstención, y otras intentarán salvar la dignidad con el voto en blanco. Pero no serán tenidas en cuenta.

Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé. Pero todo esto, sumado, me da asco. Y risa. Todo es igual, nada es mejor. El país del Cambalache siempre fue así...

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