Votos de opinión

Votos de opinión

Octubre 24, 2015 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

El voto de opinión no es sólo el voto de la opinión ilustrada o que cree serlo. Quienes conocen cómo funciona la política, las trayectorias y propuestas de los candidatos, los problemas centrales de la comunidad y si las prioridades de los candidatos coinciden con la solución a esos problemas, son los menos. La política no funciona de una manera racional ni aún entre los entendidos. Es más bien un asunto emocional que se deja llevar de los imaginarios colectivos de los dirigentes, que se van construyendo por razones de peso o muy frívolas. En todas las clases sociales. Las adhesiones o antipatías políticas son más el reflejo de lugares comunes que de reflexiones sustentadas, aquellos muy arraigados en la manera como cada quién concibe el papel del político en la sociedad. En la clase alta compuesta por la pequeña y la gran burguesía, la primera considera que la política no deben hacerla los políticos sino los empresarios o los intelectuales, quienes por estar alejados de la política no tienen los defectos del oficio; y la segunda ve a los políticos como un instrumento útil para mantener el statu quo y no se le ocurriría ocupar su tiempo en un trabajo tan ingrato. La clase media ve la política como un trampolín de ascenso social limitado a muy pocos. Las clases populares ven a los políticos como un vínculo entre sus necesidades inmediatas y el poder, que se mide por la capacidad que tengan de satisfacerlas.Como consecuencia, la pequeña burguesía considera que los políticos de oficio son corruptos; la gran burguesía que les piden demasiadas renuncias a sus privilegios; la clase media que le niegan oportunidades de acceso a los recursos estatales; y las clases populares que se aprovechan de sus necesidades en épocas electorales. El éxito del político consiste en convencer a las diferentes clases sociales que sus intenciones son puras, contrarias a esos prejuicios y que sólo se interesan en su bienestar. El voto de opinión está formado por los grupos de población que en los diferentes estratos consideran que ese discurso es sincero.En las elecciones para Alcalde de Cali hay un virtual empate en la opinión de los potenciales electores sobre tres candidatos muy diferentes. Maurice Armitage, un empresario muy exitoso que ha decidido incursionar en política para enfrentarse a la corrupción de la administración pública, que no conoce, lo cual lo hace el candidato ideal de la pequeña burguesía, estratos 5 y 6, pues la gran burguesía, dueña de los medios de producción, es tan pequeña que su opinión estadísticamente no cuenta. Angelino Garzón, un dirigente con una destacada carrera administrativa y un espíritu conciliador, ejemplo de superación personal en los escalones del poder público, es el candidato ideal de la clase media, estratos 3 y 4. Y Roberto Ortiz, un empresario popular sin ninguna experiencia en la administración pública, que ha llevado bienestar a sus trabajadores informales es el candidato ideal de los estratos 1 y 2. La proeza de los tres es estar empatados lo cual quiere decir que sus discursos han sido percibidos como sinceros por mucha gente. El tío Baltasar dice que muy sinceros todos, pero todos apoyados por maquinarias políticas en mayor o menor grado, y que el desempate lo ganará el que mueva la maquinaria mayor. Y añade que él, por pura solidaridad de clase, va a votar por Angelino Garzón.

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