Un mundo aparte

Marzo 03, 2012 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

¿Qué tan interesado está el país real, el de la gente común y corriente, en el tema del distanciamiento entre el presidente Santos y el expresidente Uribe? ¿Será que ese asunto, sobre el que han corrido ríos de tinta, es una preocupación real de los colombianos? ¿O no será mejor que el mundo político ocupa un espacio desmesurado en los medios de comunicación, comparado con el que ocupa en la vida cotidiana, y por tanto, todo ese debate es mirado por la ciudadanía como si estuviera sucediendo en un mundo lejano y aparte?Porque el interés real del problema es en qué medida se refleje en el futuro reparto del poder, dado que el poder actual está ya firmemente repartido, y no hay señales ominosas de que aquello pueda cambiar radicalmente en los próximos seis años, dada la existencia de la reelección presidencial. Así que por lo menos no se trata de un asunto urgente y sí más bien uno al que el paso del tiempo va quitándole importancia, demostrado cómo ha sido que cuando el Gobierno quiere hacer valer sus mayorías parlamentarias, lo hace. Un enfoque más interesante de la situación sería analizar cómo se están moviendo las grandes corrientes de opinión política. Una verdad de a puño es que el gobierno de Santos, que podría ubicarse ideológicamente en el centro derecha, (a pesar de los esfuerzos de algunos sectores de la extrema derecha de ubicarlo en la izquierda, y a pesar de uno que otro intento gubernamental de hacer lo mismo), ha logrado capturar la opinión del centro político, reduciendo la extrema derecha, tan uribista, a su mínima expresión. Para decirlo de otra manera, ha absorbido la mayoría del antiguo uribismo del cual no sobreviven sino sus notorios defensores alrededor de la figura combativa del expresidente Uribe, quien parece uno de esos generales que siguen dando batallas en el papel cuando sus ejércitos han desaparecido. La otra verdad de a puño es que hay un poderoso movimiento de opinión, claramente de centro izquierda, que interpreta las frustraciones que el modelo de desarrollo económico ha dejado en las personas que son por su educación o su fortuna menos capaces de integrarse al mundo competido de la globalización, que no gustan del mundo político tradicional y hereditario, que consideran intolerable el desmonte paulatino del estado de bienestar, que consideran lo social por encima de lo económico, que ven con simpatía los terremotos políticos que han sucedido en los países vecinos, y que están buscando un líder que los represente. Tiene mucho más sentido pensar que el opositor del Presidente de la República en campaña para la reelección (un sobrentendido del cual no se habla porque casi que ni es necesario hacerlo), sea un dirigente de este corte, que alguien de la entraña uribista. El tío Baltasar dice que de pronto no es necesario mirar muy lejos para saber quién podría ser ese dirigente opositor, porque el Presidente lo podría tener tan cerca como en su actual fórmula presidencial. Y añade que de pronto sería más probable que la candidatura presidencial de oposición saliera de la Vicepresidencia de la República que de la Alcaldía de Bogotá, y aunque el pérfido tío entiende que es una pura especulación, no encuentra en ese escenario probable dónde acomodar al expresidente Uribe o a sus recomendados, lo cual quizás explique por qué el distanciamiento entre Santos y Uribe, que es cada día más grande, importa a tan pocos, como si estuviera sucediendo en un mundo lejano y aparte.

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