Trabajo barato

Trabajo barato

Noviembre 17, 2012 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Anotaba el reelecto presidente Barack Obama, durante uno de los debates finales de la interminable campaña presidencial norteamericana, que el principal problema que Estados Unidos tenía con China no era que ésta estuviera violando los acuerdos de la Organización Internacional de Comercio sobre propiedad intelectual o que mantuviera artificialmente devaluada su moneda para impulsar sus exportaciones (ambas cosas ciertas como lo denunciaba con razón Mitt Romney), sino que su población era cada vez más educada, más integrada a actividades productivas de alta tecnología y pobremente pagada, lo cual la convertía en la más competitiva en los mercados internacionales. Ante esa realidad Estados Unidos, con sus altos salarios, sólo podría competir a través de la inversión en investigación y en educación, ambas apuestas a largo plazo, factores ambos que habían construido la preeminencia comercial de Estados Unidos en el mundo.Las condiciones de ese trabajo: alto valor agregado y altos salarios, sólo pueden ser exitosas socialmente y a nivel mundial si se extienden a grandes sectores de la población. De ahí el ideario del Partido Demócrata de convertir el acceso a la educación superior, el estímulo al sector privado para que investigue y el pago estatal de buena parte de la cuenta de investigación, en prioridades nacionales. Un reto gigantesco para la primera economía del mundo que se sustenta en un concepto simple y democrático: el desarrollo económico debe ir aparejado con el bienestar social. Productividad sí, pero bienestar también.No otra cosa dicen los entendidos. Dani Rodrik, profesor de Harvard, citado por Rudolf Hommes, dijo en el último seminario del Consejo Privado de Competitividad en Bogotá, que un cambio necesario en la economía colombiana era que los sectores de alta productividad deberían participar más en la generación del empleo y del Producto Nacional. Lo cual es una manera positiva de presentar un hecho muy negativo: que la generación de empleo, productivo y bien remunerado, de los sectores modernos de la economía colombiana es muy baja. Así que guardadas proporciones, en el mercado internacional nos sucede lo mismo que a Estados Unidos, no podemos competir con productos de alto valor agregado por los altos salarios del reducido sector exportador, y como reducirlos no debe ser una opción, sólo nos queda la alternativa de ampliarlo a través de buscar nichos de innovación tecnológica y de preparar gente que trabaje en ellos. O sea, la recomendación es la misma de Obama: inversiones en investigación aplicada y en educación superior. Dos cosas que no se están haciendo a pesar de los anuncios oficiales al respecto.De hecho el grueso de los ingresos colombianos por exportaciones viene del sector minero energético, que es el que menos empleo genera, y de paso sobrevalúa el peso afectando las exportaciones manufactureras, (la llamada enfermedad holandesa, la séptima plaga de Egipto que nos faltaba). El tío Baltasar, economista empírico, dice que es mucho lo que nos falta por andar en el campo de la competitividad, pero ese camino no puede pasar por la baja remuneración al trabajo, a la manera china, sino por la alta calidad de los productos, a la manera norteamericana. Y que los produzcan la mayor cantidad de personas bien educadas, para que el bienestar que nace de la productividad no sea una isla de prosperidad, en un mar de inequidades. Soñar no es privilegio de los políticos y no cuesta nada.

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