Sin pies ni cabeza

Junio 22, 2013 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

No sin sorpresa han aparecido las propuestas de las Farc en el terreno político, después de haber llegado a un principio de acuerdo con el Gobierno Nacional sobre el desarrollo agropecuario que tiene un carácter desarrollista. Tampoco son particularmente revolucionarias las propuestas en el campo político, pero sí mucho más ambiciosas. La razón es que en el sector político es donde se deciden las cosas. En el tema político, por decirlo de alguna manera, las Farc se urbanizan y tocan temas que se han venido ventilando por los distintos partidos y dirigentes políticos durante años: la reforma de los poderes públicos, del poder electoral, del centralismo, de los mecanismos de información y de los derechos de la oposición.A cualquiera se le ocurre que todo ello es necesario y que un régimen menos presidencialista, de pronto semiparlamenario; un país menos centralizado con mayor participación de las regiones en las decisiones; una Justicia más eficiente y eficaz, desvinculada del poder político; un estatuto de oposición que garantice el debate democrático y los derechos de representación de las minorías; unos medios de comunicación más pluralistas y menos concentrados en los grandes grupos económicos, llevarán a un país más democrático. Que lo propongan las Farc habla bien de la concepción que tienen del funcionamiento del Estado y de la manera como se han alejado de la ideología totalitaria que les dio origen. Pero que a renglón seguido condicionen esos procesos de reforma, que son una agenda progresista tan respetable que resulta poco original, a la celebración de una Asamblea Nacional Constituyente para que los estudie si no tiene pies ni cabeza.Empezando porque si la Asamblea Constituyente, autónoma y soberana, es la condición para estar sentados en La Habana, ¿para qué entonces están haciendo acuerdos? Naturalmente en las arenas movedizas de una negociación más vale pedir la luna para obtener siquiera un meteorito como el que cayó en Rusia. El resultado del acuerdo sobre el sector agropecuario así lo indica. De modo que de todo el vasto temario los temas esenciales son los mecanismos excepcionales de participación en política, el tratamiento a los guerrilleros que se incorporen a la vida política y las garantías para ejercer la oposición sin perecer en el intento. La idea de la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente que de alguna manera termine ratificando un acuerdo final, cuando se produzca, es condenarlo al fracaso. Las razones son varias y con buen sentido político, jurídico y práctico las expresó el jefe de la comisión negociadora gubernamental. De todos los mecanismos que existen de participación ciudadana en la Constitución, el más complejo es la Asamblea Nacional Constituyente. De hecho equivale a hacer una nueva Constitución, cuando la anterior, muy reformada, solo data de 1991. Y su conformación final es resultado de un proceso electoral universal ¿Qué les hará creer a las Farc que su representación elegida ante la Asamblea Constituyente tendrá más poder decisorio que las de las demás fuerzas políticas, si más del 90% de los colombianos las rechazan hoy en día? Y sobre todo, ¿qué les hará creer que en esa Asamblea tendrán más poder de negociación que el que ahora detentan en La Habana? El tío Baltasar se pregunta si no será más práctico un referendo ciudadano que ratifique en bloque lo acordado, para no disolver en un debate sin fin con las mayorías políticas en contra, una oportunidad de oro para dejar de disparar.

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