Siameses

Agosto 30, 2014 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Era una familia ejemplar. Él, Enrique VIII, se había casado seis veces y le había cortado la cabeza a dos de sus esposas. Sus tres hijos Eduardo, María e Isabel fueron reyes de Inglaterra sucesivamente y murieron sin descendencia, dando fin a la dinastía Tudor. Del otro lado de la frontera, en Escocia, María Estuardo, la Reina, se había casado con un Tudor, Lord Darnley, Duque de Albany, pero tan pronto como nació el primogénito, Jacobo, con la ayuda de su amante el conde Bothwell, mandó a matar a su marido. Católica, obligada a abdicar por los nobles protestantes, se refugia en Inglaterra, donde reina su prima Isabel. La boca del lobo. Isabel, la Reina Virgen, no tiene herederos y la sombra de la ilegitimidad de su nacimiento la acompañará toda la vida. Las credenciales de María Tudor, son en cambio impecables y tiene un hijo que es por padre y madre descendiente de Enrique VII. Isabel ve conspiraciones por todas partes o se las inventa y acaba cortándole la cabeza a María, para no perder la tradición familiar. Pero a la muerte de Isabel Tudor en 1603 la corona va a dar inevitablemente a Jacobo Estuardo, cojo y homosexual, quien se convierte en Rey de Inglaterra y Escocia: una corona, dos reinos. Sólo en los Acts of Union de 1707, los dos reinos se unen para formar la Gran Bretaña, que construyó el más grande imperio conocido. Trescientos años después esa unión está a punto de romperse. El próximo 18 de septiembre se realizará un referéndum para que los escoceses, los ciudadanos de la Unión Europea residentes en Escocia y quienes estén registrados como votantes en el país, decidan si Escocia debe ser un país independiente. Sólo hay que contestar si o no a una pregunta simple. ¿Debe Escocia ser un país independiente? Pero el proceso para llegar a esa pregunta y sus consecuencias es muy complejo. Aunque en el pasado se han realizado referéndum similares que han fracasado, esta vez hay una fuerza política mayoritaria que lo impulsa: el Partido Nacional Escocés. Escocia tiene un parlamento propio, con funciones limitadas, desde 1997, dentro del proceso de devolución de poderes impulsado por el laborismo de Tony Blair, donde el Partido Nacional es mayoría. El Parlamento Inglés autorizó al Escocés a convocar el referéndum, que tiene la aprobación real.Si la respuesta a la pregunta es sí, Inglaterra y Escocia iniciarán un proceso que tomará tiempo y es mucho más complicado que la separación de unos hermanos siameses, lo que ha llevado a que en las encuestas más recientes el no sea de 57% y el sí de 43%. La separación sería un reparto de obligaciones, competencias, y un nacimiento de expectativas de nunca acabar. Los argumentos y las cifras van y vienen sobre preguntas fundamentales: ¿Será más rica Escocia sola, que posee en su plataforma continental el 90% de las reservas petroleras del Mar del Norte; cuál será la cuantía de la deuda nacional del Reino Unido que le tocará pagar; cuál será la moneda, la libra o el euro; los nuevos ciudadanos pagarán más o menos impuestos; cuál será su estatus frente a la Unión Europea y el costo de la nueva burocracia; cuál será su presupuesto de defensa nacional, de seguridad social; pasará de ser parte de una potencia mundial a ser un pequeño país? ¿Será que un matrimonio exitoso, un tanto desigual, que ha durado tanto, debe terminar en aras del nacionalismo, como si estuviéramos en tiempos de la Reina Virgen?

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