Sambenito

Sambenito

Noviembre 27, 2010 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Los dos acontecimientos más destacados del reciente calendario electoral continental han sido las elecciones de Congreso en Estados Unidos y la elección presidencial del Brasil, los países más poderosos del área. Un aspecto interesante de esos episodios, que nadie nota porque hace parte de sus costumbres políticas, fue la amplia participación de sus presidentes en las campañas electorales. El presidente Obama recorrió Estados Unidos de arriba abajo respaldando a los candidatos a su partido, sin otra limitación que la de no usar en esos actos recursos públicos que no tuvieran que ver con su andamiaje de seguridad. Es de imaginar la importancia que tuvo para un candidato demócrata al Congreso que el Presidente llegara con todo su aparato a respaldarlo. No obstante, los resultados electorales no fueron favorables a los demócratas, lo cual significa que no siempre esa participación funciona. Por su parte, el presidente Lula da Silva recorrió el Brasil de arriba a abajo de la mano de la candidata del Gobierno a la sucesión presidencial, asegurando para ella un éxito que seguramente no hubiera tenido si él no hubiera estado presente, porque de lo que se trataba era de endosar su popularidad a una candidata que no la tenía, esfuerzo por demás exitoso, que no creaba precisamente condiciones de igualdad con los otros candidatos, pero que de todos modos requirió de dos vueltas presidenciales.Así que en el punto de la intervención de funcionarios en política activa no hay nada escrito, salvo que, autorizados o no, siempre terminan interviniendo, porque el ejercicio de la política es de la naturaleza misma del oficio de los funcionarios de elección popular y sus cuadros administrativos. Se autoriza en muchas partes con sistemas políticos maduros, menos en Colombia, donde la prohibición que existe para que los funcionarios intervengan en la política activa ha llevado a la criminalización de la participación en política y a la creación de mecanismos poco equitativos para evadir esa prohibición, sin contar con los abiertamente ilegales.Un caso muy notorio es el régimen de incompatibilidades, en el cual existe la prohibición para funcionarios de ejercer sus cargos si tienen familiares directos participando en una campaña electoral, pero sólo cuando las jurisdicciones del candidato y el pariente coinciden, lo cual ha llevado a que los hermanos de los alcaldes de Bogotá y Cali, y el padre del Alcalde de Barranquilla, hayan sido elegidos al Congreso por los movimientos políticos de sus parientes funcionarios, sin que ello tenga ningún problema legal, mientras el Gobernador del Valle es destituido por invitar a una reunión de alcaldes a un precandidato presidencial. En ese escenario, donde lo que se discute son los procedimientos, no las personas involucradas, que entre el diablo y escoja, pero a cualquiera se le ocurre pensar que si se permitiera la participación en política de los funcionarios las cosas serían mucho más transparentes y estarían más bajo control. El tío Baltasar, usando una expresión antigua que se refiere a la túnica infamante que obligaban a usar a los herejes, dice que el sambenito de la inhabilidad política cae sobre el más imprudente o el más confiado y da la impresión, conociendo lo que sucede, de una grave expiación por pecados veniales, cuando es todo el régimen de incompatibilidades el que debería ser revisado para reglamentar y controlar eficazmente lo obvio: que los políticos participen en política.

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