Rescate

Febrero 11, 2012 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Rescate es la esencia floral de moda para enfrentar las dificultades. Es una mezcla de cinco flores australianas de nombres exóticos, a la cual se le atribuye la facultad de desarrollar el autocontrol, mejorar la respuesta a la tensión, aumentar la confianza y seguridad, brindar el equilibrio emocional que requiere un descanso profundo y borrar los recuerdos tristes. Es decir, el estado de ánimo que sólo se logra con mucha fortaleza espiritual y mucho carácter, en un frasquito. Puede ser también un placebo de los que hay tantos, cuyo poder restaurador está en la sugestión de quien lo toma. Se recomienda para duelos, separaciones, traiciones conyugales, dificultades laborales, falta de gobernabilidad e inercias administrativas. Es ideal para los políticos que no ven los resultados de sus sacrificios suficientemente reflejados en los indicadores, para los que los ven reflejados en los indicadores de sus sucesores en el poder, y para los que no ven ninguno. Sólo funciona con individuos, pero debería poder dársele también a las instituciones a las cuales hay que rescatar de sí mismas, como Cali y el Valle del Cauca.Una sobredosis de Rescate podría facilitar el grado de madurez política colectiva que permita establecer un orden de prioridades en la inversión pública regional y local acorde con las necesidades sociales, que es después de todo la responsabilidad primordial del gobernante. Por ejemplo, los cerca de $45.000 millones gastados por la anterior Administración Municipal de Cali en el Programa de Guardias Cívicos, que ya terminó; o los más de $80.000 millones gastados en la remodelación del Estadio Pascual Guerrero, que aún no termina; o el costo del hundimiento de la Avenida Colombia, que terminará algún día, ¿son la aplicación de un sano criterio de inversión de recursos sociales escasos, o un caprichoso gesto de desequilibrio emocional colectivo, promovido, sin mayor crítica pública, por el gobernante de turno? Y lo mismo podría decirse del penúltimo gobierno del Valle del Cauca con el uso de las vigencias futuras de los ingresos del Departamento, dispersas al capricho del gobernante; o con sus gastos en propaganda, que no en publicidad, porque inventaban una imagen sin realizaciones; o con el simple hecho de la aceptación de las mayoría ciudadana, bendecido en las urnas electorales, de un poder político que todos saben dañino pero que nadie asume seriamente el liderazgo de derrotar. ¿Otro caso de desequilibrio colectivo?No basta con echarle la culpa al gobernante, en un contexto institucional donde está establecida la participación ciudadana, la veeduría pública y el control legal de todos los actos administrativos. Es un poder que hay que ejercer a tiempo y que si se hubiera ejercido en el Valle del Cauca, otro gallo cantaría en los corredores de la CVC, de Acuavalle, del Hospital Universitario, del Palacio de San Francisco, y si se hubiera ejercido en Cali, no hubiéramos presenciado el espectáculo de un gobierno que se decía de izquierda con un trastocado orden de prioridades. El tío Baltasar dice que otro gallo ha llegado a cantar en el gallinero de la administración de Cali, con el discurso central de que las prioridades de la ciudad son de carácter social y la voluntad de poner el dinero donde están las palabras; y ese ejemplo debería ser seguido por la Administración Departamental, cuya credibilidad está en duda, pero que está a tiempo para lanzar las señales y las acciones correctas. Con o sin goticas de Rescate.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad