Reforma a la reforma

Mayo 28, 2011 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

El diagnóstico que inspira el proyecto de reforma a la educación superior es puramente instrumental: hay un déficit de cupos en la educación superior, el Estado no tiene recursos para llenarlo, por lo tanto debe ser cubierto con crédito oficial y fondos privados. Sobre ese criterio se construye la columna vertebral de la iniciativa: instituciones de educación superior con ánimo de lucro, fortalecimiento del Icetex, alianzas mercantiles entre el sector privado y las universidades. El resto es accesorio. Así que no tiene mucho sentido discutir sobre lo accesorio si no se está de acuerdo sobre lo principal. El extenso articulado puede ser mejorado en muchos aspectos y complementado en otros, pero mientras no se revise su concepción misma no se va a llegar al consenso propuesto por el Gobierno a las universidades. Si existe la voluntad política de hacerlo, se puede construir ese consenso, pero hay que empezar por barajar de nuevo para establecer las prioridades correctas de una ley orgánica de la educación superior. Por ejemplo, la existencia de instituciones de educación superior, principalmente tecnológicas, con ánimo de lucro, controladas por el Estado para garantizar su calidad, podría tener sentido en el marco de una clara y suficiente financiación estatal a la educación pública superior de calidad. Es decir con un carácter complementario para cubrir necesidades específicas del sector productivo. En los países desarrollados existen grandes centros privados orientados a educar para el trabajo, pero no por coincidencia es en esos países donde están las mejores universidades, muchas de ellas públicas. Otro ejemplo: el crédito educativo es una necesidad sentida en una sociedad pobre. Pero no puede crearse una rapiña por recursos públicos baratos, que deje a las universidades privadas de calidad, cuyas matrículas siempre serán elevadas, por fuera del mercado. Si la decisión es que haya una política de crédito de fomento, su monto y su costo deben estar relacionados con la calidad de la institución a donde aspire el estudiante. Si no todo se irá a la oferta más barata y más mala. Estos ejemplos son respuestas instrumentales a los planteamientos instrumentales del proyecto. Pero en todo caso, la esencia del asunto se queda por fuera, y ésta no es otra que garantizar la existencia de la Universidad, así, con mayúscula, como un centro de generación y transmisión del conocimiento, autónomo de todo poder público, guía y frontera cultural y científica de la sociedad. Lo que se discute no es de poca monta. Nada menos que cómo deben educarse los colombianos para hacer parte de un mundo donde el conocimiento es el protagonista y la educación de calidad el pasaporte para entrar en él. No se trata de un pulso político entre el gobierno de turno y las universidades, sino de la más importante decisión que pueda tomarse sobre el destino de la Nación. Es cualquier cosa menos un asunto que deba evacuarse con afán. La razón de ser de la Universidad, excede con mucho la función, que también le es propia, de cubrir necesidades del sector productivo. La Universidad, así, con mayúsculas, es una institución milenaria que ha marcado la diferencia entre la civilización y la barbarie, mientras a su alrededor se han construido las identidades nacionales. Debería ser para las políticas públicas el patrimonio más valioso, más compartido socialmente y más digno de proteger, respetar y fortalecer. Esa es la reforma que hay que hacerle a la reforma.

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