Reflejos

Noviembre 01, 2014 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

La exposición Las Otras Meninas, formada por una muestra colectiva de artistas españoles y colombianos inspirada en la obra de Velázquez, que se exhibe actualmente en Cali en el domo de la Manzana del Saber, es el acontecimiento plástico internacional más importante que ha habido en la ciudad en muchos años. Lo que Diego Velázquez pinta en Las Meninas es su autorretrato: el pintor en el acto de crear. Así que esa obra cumbre de la pintura española no es un retrato cortesano sino un homenaje a la creación artística. Si se coloca un espejo frente al cuadro, el espectador ve lo que el pintor está pintando: la imagen reflejada en el espejo de la infanta Margarita de Austria, hija de Felipe IV de España, y sus damitas de honor, atrapadas en sus trajes cortesanos, encajes y guardainfantes; el espacio detrás suyo, incluyendo a los reyes que están al frente y se reflejan en un pequeño espejo al fondo, el bastidor de la gran tela y a él mismo pincel en mano. Lo que pinta no es entonces la realidad, sino su reflejo, como lo es el arte mismo. La fascinación que ha existido por el cuadro, pintado en 1656 pero exhibido en el Museo de El Prado desde 1819, reside en lo complejo de su composición, porque igual podría estar pintando cualquier otra cosa mientras la infanta juega con las meninas y los Reyes observan. “¿Dónde está el cuadro?” exclamó el escritor Théophile Gautier en el Siglo XIX, al ver la pintura. Picasso pensaba que si modificaba las posiciones de los personajes y sus colores terminaría pintando sus propias meninas. Y así lo hizo en 1957, en las 58 telas que hoy están en su museo en Barcelona. Fue como la patente de corso para que cada artista pudiera pintar sus propias meninas. La organización Women Togheter tuvo en el 2007 la idea de convocar a destacados artistas españoles, para que ejecutaran obras con el tema de Las Meninas, con el propósito de destacar el papel de la mujer en el mundo moderno, ya que Las Meninas son un reconocido ícono femenino. La intención de la organización es, sin embargo, sobrepasada de lejos por el resultado del conjunto de pinturas, fotografías y esculturas: un panorama de altísima calidad del arte español contemporáneo enriquecido a su paso por Colombia con el aporte de artistas nacionales, entre los que se destacan María Fernanda Cuartas, quien dibuja sobre un fondo de color las siluetas sin rostro del pintor y sus modelos; y Patricia Tavera, quien en “Un bastidor, un perro, una corte”, descompone los espacios del cuadro original, que es una de sus claves misteriosas.Entre los españoles, Manuel Frutos Llamazares construye con lino crudo, cuerdas y pintura, una serie de cuatro cuadros abstractos que son como la estructura interior de un traje de gala del Siglo XVII, camisa de fuerza que aprisionaba el cuerpo femenino. Alfonso Alzamora crea un tríptico dramático donde un collage de la figura de la infanta se recorta sobre negro y blanco. Nanda Botella crea una explosión en azules y rojos, como si la figura de la infanta hubiera estallado en mil pedazos. Jesús Cánovas crea una “Menina Luciérnaga”, ectoplasma que flota en el aire. Alberto Shonner, pone a levitar a la infanta, santificándola. Y Lía Paula Legaspe construye sus “Siamesas” en acero y bronce dorado, convirtiendo la frágil niña en un brillante, rotundo y poderoso instrumento de poder. Y muchas más obras, todas dignas de verse.

VER COMENTARIOS
Columnistas