Radiografía

Mayo 10, 2014 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Algunos comentarios sobre la campaña presidencial, inspirados en cierto grado de contradicción con el sentido común, que es un método práctico y productivo de aproximarse a la verdad:El país que vota es muy conservador y no va a elegir a un candidato de izquierda, por más encantador que sea. Tampoco a uno de extrema derecha, porque con el recuerdo de lo que ha sido la violencia política, le tiene horror a los sectarismos. Como consecuencia, los votos de opinión que elegirán al Presidente de la República están en el centro del espectro político, lo cual excluye de llegar a esa dignidad a algunos candidatos. De otra parte, los votos del mundo político están mayoritariamente apoyando el proceso de reelección y ello le da una base electoral que ningún otro candidato tiene, por tanto no hay que fiarse de las encuestas de opinión que sólo son realistas cuando el apoyo del mundo político está más o menos repartido entre todos los candidatos.Todos los candidatos tienen un perfil gerencial. Bien trajeados, bien comportados, bien hablados, con títulos universitarios, experiencia en el manejo de los asuntos públicos, y sin ningún carisma. Lo cual es una bendición de Dios porque el carisma va peligrosamente unido al populismo y de un candidato populista, líbranos Señor. El corte gerencial de todos los candidatos a la presidencia es una prueba de la madurez del mundo político colombiano, que cuela en su proceso de selección a los candidatos populistas. El carisma no es importante cuando nadie lo tiene.Cuando la economía va bien y los principales indicadores económicos son positivos, es poco probable que los ciudadanos quieran cambiar el rumbo de las políticas públicas. Ello lleva a que los candidatos tengan propuestas muy parecidas, demasiado generales y que nadie las lea. De todas maneras, la elección presidencial es ante todo un asunto de escoger sobre la base del carácter y las ejecutorias de la persona, no sobre promesas electorales de difícil cumplimiento. Por eso, los debates presidenciales sólo tienen importancia para que las personas indecisas se definan, y ese grupo es ahora una minoría (no más del 7%), que probablemente no vote. Así que no se debe sobrestimar la importancia de los debates, donde por lo general las personas sólo confirman lo que ya han decidido. De otra parte, el voto en blanco es un voto de protesta y por tanto no apoya el proceso de reelección, pero tampoco a ningún otro candidato. Es una necedad tratar de ganárselo. El tono gris de la campaña es otra bendición de Dios, porque significa que ya la gente no está dispuesta a matarse por una u otra opción de gobierno. El país asume la campaña presidencial como un proceso natural y vota sin necesidad de participar en manifestaciones públicas o de emocionarse demasiado. Sólo un escándalo mayúsculo podría cambiar la precepción que el electorado tiene de un candidato. De allí los esfuerzos de algunas campañas y de los medios de comunicación por encontrar el escándalo perfecto que le dé color al proceso.La reelección no es mala en sí misma. Pero no es una buena idea en un país donde los órganos de control y las cortes están politizados. En Colombia es virtualmente imposible que un presidente que quiera reelegirse no lo consiga. Al menos Santos lo conseguirá por las razones correctas.

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