Problema interno

Problema interno

Mayo 31, 2014 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

¿Cómo explicar que un Presidente de la República, candidato a la reelección, con una propuesta de paz en desarrollo, una obra de gobierno seria, un equipo competente, sin escándalos, con realizaciones, programas y apoyo de las mayores fuerzas parlamentarias, pierda una elección presidencial en primera vuelta?Algo pasó que no se explica por los lugares comunes de la abstención y el desencanto del elector. Hay que decir que no hubo el pasado 25 de mayo lo que se podría llamar ausencia del voto de opinión, que es el que se abstiene, se desencanta o se entusiasma, según las circunstancias políticas. Si se suman los 3,7 millones de votos de Óscar Iván Zuluaga, con los casi cinco millones de votos que sacaron Clara López, Marta Lucía Ramírez y Enrique Peñalosa, ninguno con una poderosa maquinaria política detrás, y si a eso se añaden los 3,3 millones de votos del Presidente–candidato, en los cuales la participación de las fuerzas políticas regionales fue tan poca, tendríamos una importante votación, principalmente de opinión, de 12 millones de votos, como lo pronosticaban las encuestas que la miden.En 1998 hubo 10,5 millones de votos en la primera vuelta electoral; 11,2 en 2002; 11,8 en 2006; 14,5 en el 2010; y 13,2 en 2014. Si se hubiera mantenido el crecimiento de esa participación hubiera habido unos 16 millones de votos el 25 de marzo. Los 2,8 millones de votos que quedaron faltando, son los votos que movilizan los partidos políticos que apoyan al Gobierno en la Unidad Nacional en las regiones y fueron los que marcaron el resultado desastroso del Gobierno. Sólo dos meses antes esos partidos habían sacado casi cinco millones de votos, lo que hacía pensar en una muy cómoda victoria presidencial. Esa falta de movilización electoral abrió las puertas para una opción de gobierno de extrema derecha, en contravía de las realidades nacionales y del pensamiento de las mayorías urbanas electorales que apoyan gobiernos progresistas, conciliadores, respetuosos de las minorías y de los derechos ciudadanos, partidarios de un proceso de paz con las guerrillas, que representan al menos el 70% de los votos que se depositaron. Pero además, como consecuencia de dar por sentada una victoria electoral o del centralismo de la campaña, o de la falta de presencia del candidato en las regiones, se ha puesto en peligro la gobernabilidad misma del País. ¿Qué tal un Presidente que sólo tiene el 12% del Congreso para sacar adelante sus programas? El tío Baltasar, que aún no se repone de unos resultados tan alejados de sus expectativas, dice que lo que tiene el presidente Santos es ante todo un problema interno y que su éxito en la segunda vuelta no depende tanto de las alianzas que haga ahora, en un universo electoral de voto de opinión, difícilmente endosable, donde con esfuerzo personal ya consiguió convencer su porción de la opinión electoral, como de que organice y ponga a marchar su propia alianza, la Unidad Nacional, donde están los votos perdidos. Recuerda el tío, que aun en estos tiempos modernos, la organización del día electoral es definitiva y no puede hacerse desde un escritorio en Bogotá, sin contacto directo, financiación y control sobre los dirigentes regionales que es lo que parece haber sucedido. Toda campaña, concluye, hay que hacerla metiéndose en el barro, preferiblemente con los amigos.

VER COMENTARIOS
Columnistas