Prestigios jugados

Prestigios jugados

Marzo 15, 2014 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Dos prestigios políticos se la jugaron toda en las elecciones parlamentarias. El primero, el del expresidente Álvaro Uribe, quien se la jugó solo contra todos los candidatos al Senado de todos los partidos, sin las maquinarias políticas que lo acompañaron en sus campañas presidenciales, con el solo mérito de su prestigio en una lista cerrada de personas de muy inferior estatura política a la suya y en medio de grandes controversias públicas sobre su obra de gobierno, que no cesan. Álvaro Uribe fue elegido a la presidencia en 2002 con 5,8 millones de votos, y en el 2006 con 7,3. En el 2010 Juan Manuel Santos a nombre del Partido de la U, obtuvo en primera vuelta 6,8 millones, sobre los cuales podría argumentarse que fueron los mismos votos que respaldaron a Uribe en sus triunfos presidenciales. El expresidente, buscaba recuperar buena parte de ese capital político original, pero solo obtuvo 2 millones de votos, que son un triunfo monumental para un partido nuevo en una campaña al Senado, pero un duro golpe para sus pretensiones de recuperar el poder presidencial por interpuesta persona. Si lo que quería era seguir siendo la máxima autoridad política del país, es difícil entender que se haya dejado contar en circunstancias tan adversas. Con el agravante de que el triunfo de la coalición de gobierno en las elecciones parlamentarias sepulta para siempre el fantasma del mandato robado en 2010, porque esos votos son ahora claramente del presidente Santos. Con Enrique Peñalosa sucedió todo lo contrario. Tuvo la visión de insistir en el mecanismo de la consulta popular abierta del Partido Verde, con adversarios desconocidos, lo cual no sólo le aseguró el triunfo sino que gente que no pertenecía a ese partido decidió votar por él, que representa un liderazgo fresco, moderno, ilustrado, de centro, lejos de la odiosa e interminable controversia Santos-Uribe. Sus resultados (cerca de 1,9 millones de votos) le dan un impulso tan poderoso que lo puede catapultar a la segunda vuelta, por encima de sus adversarios del Centro Democrático, el Partido Conservador y el Polo, quienes ya quemaron en las convenciones de sus respectivos partidos la mayoría de sus cartuchos electorales. Peñalosa, quien no ha estado alejado de Uribe, podría recoger no sólo la insatisfacción del electorado contra la reelección presidencial sino también la decepción por la poca posibilidad de triunfo de los candidatos de derecha. Está en el mejor de los mundos.De la elección resultaron dos sorpresas. Una un tanto desagradable para las expectativas que se crearon, que es un menor respaldo del esperado al expresidente Uribe, que compromete seriamente la candidatura presidencial de Óscar Iván Zuluaga; respaldo que, hay que decirlo, nace de la mecánica misma de la elección más que de su figura personal. Obtiene dos millones de votos, la mayoría de opinión, no endosables. Es su capital político real. Y una muy agradable para Enrique Peñalosa, que es recoger una opinión insatisfecha más allá de las fronteras de su propio partido, que lo lleve a la segunda vuelta. El tío Baltasar dice que una probable segunda vuelta entre Santos y Peñalosa, es como la repetición de la Ola Verde de 2010, con sus mismos resultados. Pero hace el debate presidencial más propositivo, más creativo; conjura el peligro de hacer política sobre el odio y la descalificación, para bien.

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