Plazas y paseos de metal

Marzo 16, 2013 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

El paseo construido sobre el hundimiento de la Avenida Colombia parece la cubierta de un gran trasatlántico de carga que hubiera naufragado a orillas del río Cali, sus muchas chimeneas aun a flote, las largas bancas sin sombrío, a la espera de la marea de vendedores ambulantes que ocupa los alrededores y sube. Destruidas las pérgolas florecidas, obstruida la vista por la secuencia de las chimeneas, el resultado es un frustrado minimalismo. Y un problema técnico que valdría la pena que alguien dilucidara. Se supone que esas chimeneas son un mecanismo de ventilación, cuyos motores extraen el aire contaminado de CO2 del túnel, en casos de alta concentración, mientras que normalmente operan los respiraderos que están en el centro de la vía y a todo lo largo, a nivel del suelo. Es decir que el aire polucionado por los automóviles que sale del túnel lo van a respirar directamente los peatones y el que sale de las chimeneas de dos metros de altura, va a dar a los edificios de la vecindad. ¿No hubiera sido mejor, como sucede en todo el mundo donde hay túneles, que el aire hubiese sido extraído por tubos a nivel del suelo del túnel, llevado a un sitio y expulsado a una altura superior a la de los edificios vecinos?. Una pregunta ecológica para los ingenieros que diseñaron e impusieron los respiraderos, convertidos por los arquitectos en una larga y pesada estructura metálica que es como un espinazo prehistórico a lo largo de la vía. ¿Por qué no un paseo despejado y sin polución?Y al otro lado del CAM se levanta la estructura más extraña imaginable: una plaza de metal y concreto, denominada primero de la Caleñidad y luego en honor a Jairo Varela, en la cual una escalera monumental, pesada, lleva a un cine foro y a unos locales comerciales y una especie de telaraña de grandes vigas crea un paraguas a gran altura sobre un auditorio al aire libre. Inacabada como está es un enigma descubrir lo que se ha querido hacer allí aunque se presupone su enorme costo. ¿No hubiera sido mejor en aras de la simplicidad y del respeto por el pasado mantener el bello diseño de los jardines del paseo Bolívar, verdes y frescos, y extenderlo tanto a la plaza de metal como al trasatlántico hundido?Como estos reparos son de orden estético, no faltará a quien le parezcan bellas esas adiciones al paisaje urbano, así que tocará esperar a que estén del todo terminadas. Pero el costo de aquello, que fue financiado por valorización general, o sea que se supone va a aumentar el precio de la propiedad raíz en toda la ciudad, si es un escándalo. Unas obras públicas innecesarias, suntuarias, ignorantes de cualquier criterio de prioridad en el gasto público social, que no solucionan ningún problema crítico de movilidad, ni de rescate del espacio público. Y de contera de cuestionable valor urbanístico. El tío Baltasar que vino a vivir a Cali a principios de los sesentas recuerda la Avenida Colombia y el Paseo Bolívar como la parte más bella de la ciudad. Unos espacios abiertos llenos de verde, con una arquitectura de una escala que respetaba la naturaleza. No cree que lo que se está haciendo sea para mejor. Dice que otras ciudades han hecho gastos extravagantes para crear íconos arquitectónicos que las pongan en el mapa, pero que al menos pusieron a concursar a los mejores arquitectos del mundo para construirlos. Y añade que en la ciudad de los siete ríos y de la brisa, donde la arquitectura debería ser ligera, construimos plazas y paseos de metal.

VER COMENTARIOS
Columnistas