Pétion y L’ouverture

Pétion y L’ouverture

Septiembre 21, 2013 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

“Francia entera se nos vino encima”, cuentan que dijo Toussaint L’ouverture cuando vio los diez mil franceses que enviaba Napoleón a combatir le rebelión negra de Saint Domingue, hoy Haití. El comandante de la flota era nadie menos que el General Leclerc, su cuñado, esposo de Paulina Bonaparte, quien sería después princesa Borghese. Entre los oficiales estaba Alexandre Pétion, miembro distinguido de les gens de couleur, los mulatos, que ya habían sido derrotados por los negros y volvían ahora con el imperio a cuestas a ajustar cuentas. De los tres hombres que habían hecho la revolución negra, uno Toussaint L’overture, era el cochero del señor Bayon de Libertat; otro, Christophe, criado del hotel de Cap Francois; y el tercero, Dessalines, aún menos, esclavo de un negro. Pétion en cambio era hijo de madre haitiana y de un rico terrateniente francés, educado en la Ecole Militaire en París, hombre libre y de recursos, mirado con igual desconfianza por les petits blancs, que eran los blancos pobres y por los esclavos. No se consideraba a sí mismo un negro.Lo que hace Pétion es combatir la revuelta que va contra sus intereses de gran propietario. En 1799 la Guerra de los Cuchillos enfrenta a Pétion y L’overture, el primero aliado con los franceses, que son finalmente expulsados de la isla. Pétion se exilia en Francia y vuelve en 1802 con la expedición de Leclerc. L’ouverture es tomado prisionero y deportado a Francia, pero Dessalines toma su lugar, termina por derrotar a los franceses con la ayuda de la fiebre amarilla, una de cuyas víctimas es Leclerc mismo, proclama la independencia de Haití en 1803 y se convierte en emperador empenachado. Para entonces Pétion ya es un aliado de poco fiar, que no dura. Luego del asesinato de Dessalines en 1806, Pétion se enfrenta al sucesor, Christophe. Todo lo que sucede después son expresiones del enfrentamiento entre los mulatos y los negros, que lleva a la división de Haití en dos: Chistophe, convertido en rey, a la cabeza de Reino de Haití al norte y Pétion, convertido en dictador vitalicio del Estado de Haití, al sur. A ese desorden monumental de emperadores de pacotilla y dictadores a perpetuidad, es a donde llega Simón Bolívar como huésped del Estado de Haití, que es a los ojos del mundo tierra de libertad: una nación de esclavos que se ha liberado de los lazos coloniales y ha derrotado al ejército más poderoso de su tiempo. La expedición de Napoleón mayor que la de Egipto. Algo de no creerse. Todas las potencia europeas salen a la estampida de Haití: los británicos, los españoles, los franceses. Nuestra historia recoge la generosidad de Alexandre Pétion, quien para entonces apoya las ideas de la Ilustración, que se aplican sobre su nación en ruinas y goza de los laureles de un triunfo que se ha producido a pesar suyo. Acoge a Simón Bolívar que viene de todas la derrotas y lo ayuda a volver con armas y equipos a la Nueva Granada. Bolívar, hace caso omiso del pasado de Pétion y ve en él a un gran hombre. Se compromete a cambio de la ayuda a liberar a los esclavos de América, promesa que no cumple.Si hay un reconocimiento que deba hacerse a esa gesta inconcebible, debería ser en cabeza de Toussaint L’ouverture, que encarna el ideal mismo de la revolución de independencia: nacido del pueblo, orgulloso de su raza, luchador por su liberación, muerto en el abandono en la helada prisión de Fort-de-Joux en el Jura. Asuntos que deberían conocer quienes elevan las estatuas.

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