Pausa que refresca

Pausa que refresca

Octubre 26, 2013 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

La mejor manera de formarse un criterio sobre la conveniencia de que haya o no una pausa en las conversaciones de paz en La Habana para evitar interferencias en el proceso electoral, es preguntarse a quién le sirve más electoralmente su continuidad. Los representantes de la coalición de gobierno han sido prudentes, no están interesados en terminar el proceso ni en suspenderlo abruptamente, pero apoyan la decisión que al respecto tome el Presidente de la República. En general, pocos quieren que se suspenda a no ser que se dejen canales abiertos y se muestren resultados mínimos antes de hacerlo. Pero parecería haber más entusiasmo en que las cosas sigan como están, a un ritmo lento, con pocos resultados tangibles, mucha palabrería y a la vez mucho secreto, en las filas de la oposición. La razón de ese entusiasmo es elemental. Habida cuenta de que cómo van las cosas, es seguro que el asunto no terminará antes de las elecciones, y por lo tanto no existirá mejor oportunidad para fustigar al gobierno en trance de reelección que lo que pueda acontecer en La Habana, que serán dos cosas: los continuos sobresaltos que generan las declaraciones de las Farc, que ponen nervioso a todo el mundo, y la falta de resultados en un proceso donde se ha dicho que nada está acordado hasta que todo este acordado. La extrema derecha tiene una oportunidad de oro de denunciar el costo que representa negociar en medio del conflicto, el precio que se está pagando para desarmar a un grupo debilitado que puede ser derrotado militarmente, la virtual entrega de la institucionalidad al terrorismo y el escándalo de una negociación secreta hecha de espaldas al país que es una amenaza a la democracia y que continua mientras los colombianos van a las urnas creyendo que esa democracia no corre ningún riesgo.Y la extrema izquierda tiene su oportunidad de oro para decir que un proceso de paz que no produce resultados es la mejor demostración de la falta de contacto del gobierno con el pueblo y que solamente quien tiene ese contacto y conoce esas necesidades puede sacarlo adelante. ¿Tiene algún sentido electoral que el Gobierno le dé esa oportunidad a sus adversarios políticos? Porque es claro que las elecciones parlamentarias, convertidas en una especie de primaria presidencial por la presencia del expresidente Uribe como candidato al Senado, y por supuesto, las presidenciales, van a tener como uno de sus temas principales el proceso de paz. El gobierno tiene que convertirlas en su oportunidad de oro, haciendo que los resultados de las elecciones sean un mandato para la paz. Y ello solo se puede conseguir haciendo una pausa en el proceso para que se pueda reanudar fortalecido con el apoyo de una voluntad nacional expresada en las urnas que obligue a las Farc a firmar los términos realistas de su incorporación a la vida política. Para el gobierno continuarlo es volverlo una carrera de obstáculos para sí mismo.Claro que hay que establecer unas condiciones mínimas para esa pausa: entregar un informe de sus avances, de modo que se conozca algo de lo acordado en el tema agropecuario, que después de todo tiene un carácter más desarrollista que revolucionario; y sobre todo, en el tema de la participación política, que es de la esencia misma de un proceso de paz y es lo que crea más resistencias en la opinión pública. El tío Baltasar dice que la suerte del proceso depende de los resultados electorales y que éstos serán mejores con la pausa que refresca.

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